domingo, 25 de enero de 2026

TRES PUNTOS. DOMINGO III Ordinario

25/01/2026 – Domingo III T.O.

Tres puntos

Is 8, 23b – 9, 3

Sal 26, 1. 4. 13-14

1 Cor 1, 10-13. 17

Mt 4, 12-23

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Los antiguos territorios de las tribus de Neftalí y Zabulón fueron invadidos por fuerzas enemigas y esto, de acuerdo al espíritu de la época, fue interpretado como un castigo divino. Sin embargo, ninguna pena dura para siempre. Isaías predice que las gentes de esa región verán surgir en ella una luz grande que pondría fin a su sufrimiento. Podremos discutir lo del castigo, pero lo evidente es que Dios siempre está cerca, acompaña y suscita libertadores que den un vuelco a la situación, tal como hizo ya con antiguos rivales como Madián. Así pues, será allí, entre esas gentes que han llegado para ocupar los terrenos y las viviendas expoliadas de donde surgirá la renovación. Primer punto de hoy: la solución rara vez llega de lejos; es aquí, pese a la indignidad que queramos achacar a las personas y las situaciones, donde todo comienza a renovarse. La clave está en la confianza que esgrime el salmista ¿a quién temer si el Señor está de nuestro lado? La esperanza es gozar su dicha aquí mismo, en el país de la vida, no en patrias futuras, celestes y desnaturalizadas.

Tras el arresto de Juan, Jesús se retiró a Galilea, la tierra de Zabulón y Neftalí. El paso del tiempo había transformado la región en una provincia rica y próspera, poblada de nuevo en su mayoría por judíos, con importantes núcleos comerciales y rurales en torno al lago. La costa marítima, eso sí, se había helenizado mucho y tal vez por esto Galilea arrastraba aún el apelativo “de los gentiles”. Allí coloca Mateo, en relación directa con la profecía de Isaías, el comienzo de la predicación de Jesús que se lanza al mundo anunciando la cercanía del reino de los cielos y, como Juan, la necesidad de conversión; esto es, de darle un giro a la vida. Es Jesús mismo el primero en girar y se instala en Cafarnaúm, un pueblo pesquero en la ribera del lago y de allí llama a sus primeros discípulos que no dudan en dejarlo todo para seguirle. Con este vuelco se deja espacio para que esa realidad que llamamos reino de los cielos crezca en nuestro interior. Esta es la segunda cuestión de hoy: No solo es aquí, sino en nosotros donde comienza el cambio, pero hay que dejar espacio para que la realidad que somos pueda maniobrar, afianzarse y comenzar a crecer. El reino del que habla Jesús está tan cerca que nos pasa desapercibido porque lo buscamos fuera y lo esperamos grandilocuente y, sobre todo, porque pensamos que se va a amoldar a nuestra costumbre. Porque esta vida que llevamos es una experiencia certificada por la garantía personal de quien nos la transmitió.

Pablo entendió que ningún maestro puede asegurar nada más allá de la coherencia de su propia vida. Cristo, dice, dio la vida por nosotros y en su nombre fuimos bautizados. Estos dos hitos nos colocan en disposición de seguirle. Su entrega nos interpela y nuestro bautismo nos compromete. Todos somos otros cristos si orientamos nuestra vida en la misma dirección que él; sin privilegios ni prioridades. Pero ni siquiera Cristo puede garantizar que no nos perdamos siguiendo a Apolo, a Cefas, a Pablo o a su misma imagen pasada por el tamiz de cualquiera de ellos o por el nuestro propio. “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres” dijo Jesús. Hoy decimos que la pesca escasea fuera de la pecera y comprobamos que hemos privatizado el Reino siguiendo modelos equivocados; tendremos que cambiar de dirección porque quedan, sin duda, muchas heridas que nos llaman. Tercero: Lo que en nosotros crece no prospera en la medida en que recogemos sino en la que nos damos.

 

Tres puntos

 

 


 

 Un abrazico enorme para Angelines y toda esa familia que sigue adelante.

 

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