sábado, 11 de abril de 2026

PONER NOMBRE. Domingo II Pascua - La Divina MIsericordia

12/04/2026 – Domingo II Pascua - La Divina Misericordia

Poner nombre

Hch 2, 42-47

Sal 117, 2-4. 13-15. 22-24

1 Pe 1, 3-9

Jn 20, 19-31

Si quieres ver las lecturas pincha aquí 

¡Es Pascua!¡Toda vida se llenó de primavera! Jesús resucitó y la muerte pasó de enemigo a trámite..., pero la cuestión es que esta pierna mía sigue sin sanar; que los años pasan para todos y nos van llenando de achaques que, cuando menos, incomodan; que la vida sigue teniendo sus complicaciones y cuesta mantener los principios frente al empuje de lo habitual; que por mucho que nos esforcemos la realidad se impone dejando un reguero de pobreza y desdicha que nos congela como el abrazo del cierzo; que se nos arruina la compostura al ver que los conflictos siguen degenerando en guerras y que son siempre los mismos los que pagan; que pasado el entusiasmo primero el desánimo vuelve a coquetear con nosotros… 

Será Pascua pero el mundo parece no haber cambiado demasiado. Seguimos empeñados en que Jesús es un mago poderoso que ha adquirido el poder de Dios. Y lo peor es que, viendo el desastre de mundo que tenemos, solo le encontramos explicación si nos miramos como los causantes del retraso en la llegada de la alegría universal y definitiva. Vendrá bien, pues, encomendarse a la misericordia. Sin embargo, tampoco con aquella primera Pascua se terminaron los problemas. Pedro nos habla de que esa misericordia que, por medio de la resurrección, nos regeneró para la esperanza definitiva, pero eso no nos evitará pruebas diversas ni el esfuerzo que habremos de hacer para probar nuestra fe y alcanzar la meta definitiva: la salvación del alma.

Ni siquiera en el grupo más cercano a Jesús se pudo vivir la Pascua sin tensiones. Tomás no podía, sin más, dar crédito a lo que le contaban y necesitó ver en persona. Quieras que no, aunque Juan no lo diga, este desacuerdo no pudo vivirse en un remanso de paz. Posiblemente tampoco la habría antes de la primera aparición. Por eso el saludo de Jesús siempre es el deseo de paz; que ninguna tensión fracture la unidad. 

Cada uno necesitamos lo que necesitamos y que nadie se moleste. Creer no es una aceptación monolítica; es una confianza progresiva. No existe certeza que pueda imponerse y ser fundamento real. Tomás necesitó palpar la herida y adentrarse en ella para conocerla resucitada; no ya sangrante o cicatrizada. No es ya lo que vio (o lo que imaginó, porque la tradición afirma que no estuvo presente), ni lo que él podía suponer que tendría que ser. Es una herida resucitada; que no sabemos cómo es hasta que no presenciamos la resurrección de las víctimas de la historia que se ponen en pie de la mano de testigos que no creen en la magia ni en lo que debería ser, pero que sí confían en aquel que les pone en pie.

La misericordia de Dios no es solo la que se abre para nosotros al cumplimentar los rezos adecuados; es, como dice el salmista, la que nos sostiene seguros; es nuestra fuerza y nuestra energía. Es la que Tomás necesita descubrir en  primera persona; en contacto íntimo con la realidad. La Pascua no elimina el mal del mundo; ni dulcifica la existencia propia ni la circundante, pero posibilita conocerla de un modo nuevo y a nosotros mismos nos sitúa de un modo nuevo en ella. Nos encontramos en un mundo herido; nosotros mismos somos también una realidad herida, pero ante cualquier lesión lo primero que estamos llamados a descubrir es que no estamos solos. 

La Pascua nos siembra en comunidad a la par que nos permite descubrir la necesidad de cada uno. Las pruebas que menciona Pedro llegarán desde fuera y desde dentro de la comunidad, pero existe ya un modelo claro de lo que esa comunidad debe vivir. La foto de Lucas puede estar referida a un ideal en construcción pero eso no le quita valor. Es una realidad siempre abierta a la que Dios añade, con nuestra mediación, con nuestro ser misericordia, a los que van descubriendo que el sentido de sus vidas está en una vida con sentido; está en ver claro que pese a cualquier sufrimiento hay siempre alguien dispuesto a compartirlo y sostenernos. Faltan muchos por llegar; por poner nombre a quien les ama, cuida y sostiene; susurrémoselo al tocar sus heridas; hagámosles verse resucitados.

 

Perseveraban en la unidad... le ponían Nombre. 

 

 


 

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