miércoles, 31 de marzo de 2021

LIENZOS FASCINANTES. Jueves Santo

01/04/2021

Lienzos fascinantes.

Jueves Santo

Éx 12, 1-8. 11-14

Sal 115, 12-13. 15-16bc. 17-18

1 Cor 11, 23-26

Jn 13, 1-15

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Ya dijimos aquí mismo el año pasado que consagrar y lavar son gestos correlativos. Uno nos lleva al otro y ambos se autentifican al fecundarse mutuamente. No es posible lavar verdaderamente si no se hace como expresión de acogida y entrega sinceras a la persona concreta. Es imposible consagrar si no es como servicio a los presentes, como abnegación en favor de beneficiarios concretos. No se trata de repetir los gestos de Jesús, sino de hacerlos propios.

En la Antigua Alianza se sacrificaba un cordero que debía consumirse por completo y en la Nueva, Jesús se entrega hasta el final, hasta el extremo, en palabras de Juan. Pero lo suyo no fue tan sólo la asunción de un papel que sólo él podía desempeñar. Durante toda su vida Jesús vivió en perpetua donación y salida hacia los demás, sin ocultar sus decididas preferencias por todos los necesitados de cualquier tipo de sanación. Con la institución de la eucaristía, ya sea que la contemplemos en su forma consecratoria o en su versión ablutiva, Jesús quiere colocarnos en su propio camino. Nos se trata de repetir gestos sino de dotarlos de contenido implicándonos realmente en ellos de forma que se transformen en símbolos que realicen aquello que significan produciendo así una reunión eficaz de los seres humanos entre sí y de todos ellos con Dios. Con independencia de su boato o austeridad, cualquier eucaristía puede verse reducida a una deficiente escenificación si no es expresión de una existencia verdaderamente eucarística; de una vida puesta al servicio de todos los demás con la perspectiva de esa reunión final que el Padre soñó como destino para todos.

Juan, que escribió más tarde que Pablo y que los sinópticos, da por conocido el episodio de la consagración y quiere explicar de forma plástica la misma idea. Para eso recurre a la escena del lavatorio. Pablo pone por escrito la tradición que ha recibido y en ella subraya dos cosas: el acto de entrega de Jesús y el encargo a los discípulos de continuar con este mismo acto. Con esa constante renovación anunciamos, dice, la muerte de Jesús hasta que vuelva. Pero los muertos no vuelven. La muerte anunciada es la muerte cotidiana de quien se ofrece a favor de los demás. No es que Pablo no crea en la resurrección es que, simplemente, no está hablando de ella ahora; la da, también, por supuesta. La vida eucarística, en acción de gracias al Padre por todo lo recibido, se exterioriza en la renuncia a una posesión acaparadora de cualquier don para ponerlos todos a disposición de los demás. Todos somos don, los unos para los otros. Todos deberíamos ir muriendo un poco cada día para realizar un anuncio efectivo de la muerte de Jesús. Para hablar con exactitud deberíamos decir que todos debemos ir dando la vida, como Jesús la dio, para poder vivir confiadamente y recogerlo todo en una acción de gracias. De lo contrario, permaneceremos como espectadores de la escena: maravillados y fascinados frente a la belleza de un lienzo, pero sin ser capaces de alzar la copa de la salvación en reconocimiento de lo recibido y, menos aun, de compartirla con los demás. Compartir lo recibido y acoger lo que otros ofrecen es poner en comunión la vida y cumplir los propios votos en presencia del pueblo. El mejor sacrificio de alabanza es la propia vida desgastada a favor de un mundo que se empeña en no querer escucharla. 

 

Lienzos fascinantes

 

 

1 comentario:

  1. "telar trenzado, cruzado...
    Mosaico
    Lienzo
    Friso
    Lo Real tejido del envés
    Sólo en los ojos de los que ven"

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