viernes, 8 de enero de 2021

BAUTISMO DE JESÚS

10/01/2021

Bautismo de Jesús.

Is 42, 1-4. 6-7.

Sal 28, 1a. 2-3ac. 4. 3b. 9b-10.

Hch 10, 34-38.

Mc 1, 7-11.

Si quieres ver las lecturas, pincha aquí. 

El protagonista de hoy es el Espíritu. Aparece en la lectura de Isaías como aquel que está puesto por Dios sobre su elegido. En el evangelio de Marcos es anunciado como la materia del nuevo bautismo que traerá el enviado definitivo y se le ve, además, descender sobre Jesús. Finalmente, el pasaje del libro de Hechos nos recuerda que todo cuanto hizo Jesús lo llevó a cabo con la fuerza del Espíritu. Si Jesús no hubiese tenido este empuje carismático no habría sido lo mismo; no habría hecho cuanto hizo. Acabamos de celebrar la Navidad insistiendo en que Dios se ha hecho hombre; verdadero hombre, voluntariamente despojado de su condición divina. No era Dios disfrazado. Pero tampoco era un hombre como los demás. La diferencia estaba en esta presencia deslumbrante del Espíritu en él. El Espíritu es el amor que circula entre el Padre y el Hijo. Eterno, pero siempre diferente y renovado porque uno y otro lo hacen suyo, lo personalizan y lo devuelven libremente volviendo a acogerlo sin cesar.

El Hijo se hace hombre verdadero sin retener privilegios divinos y en su humanidad vive el proceso de maduración normal de todo ser humano. Dentro de ese proceso y de esa búsqueda tropieza con Juan que pregona un bautismo de conversión que a él le interpela y se aviene a recibirlo como signo de su vida centrada en la búsqueda de Dios. Conversión es el dinamismo que surge de la renuncia a vivir vuelto únicamente hacia uno mismo abriendo, en cambio, la puerta a la realidad que lo origina y fundamenta todo. Esta es la actitud esencial que Jesús mantuvo a lo largo de su vida. Ocurre, sin embargo, que esa realidad última es imperceptible más allá de la realidad concreta y cotidiana. Por esta cotidianidad fue por la que Jesús pasó haciendo el bien; poniéndola en contacto con la realidad última, haciéndola más parecida a ella; transfigurándola. La posibilidad de acoger al Espíritu está en la naturaleza humana de Jesús que es igual a la de todos los demás. Por eso todos podemos recibir el mismo Espíritu y por lo mismo todos podemos dejarnos guiar por él y dejar que su presencia sea determinante en nuestras vidas y para las de los demás. Si no fuera así no tendría sentido que se nos propusiera un bautismo en el Espíritu.

El Bautismo con el Espíritu consiste en adoptar la misma actitud vital de Jesús y sus frutos son tan perceptibles por lo que se consigue como por lo que no hace: no vocea en las calles dándose publicidad, no termina de quebrar las vidas taladradas por la miseria, ni provoca el escándalo que pueda apagar la fe de los sencillos. Por el contrario, es capaz de sanar y liberar manteniéndose fiel al corazón de Dios y convirtiéndose así en luz para todos. En este bautismo se patentiza la vocación de Dios que llama a todos tomándonos de la mano y concediéndonos un nombre nuevo: “Hijo amado, mi predilecto”. Con esta seguridad no vacilará jamás nuestra esperanza y en esta fraternidad nos habría de resultar imposible volver la espalda a nadie. Es esta vivencia la que puede llevarnos a proclamar a una el salmo cantando la gloria del Señor junto a todos sus hijos. Este bautismo, por último, se revela superior a cualquier otro bautismo, identidad o signo de pertenencia anterior. Se hace inequívocamente universal y su única forma consiste en la aceptación del impulso divino que reside en todo ser humano. 

 

Bautismo de Jesús

 

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