miércoles, 24 de diciembre de 2025

HUMANIZACIÓN. Natividad del Señor

25/12/2025 – Natividad del Señor

Humanización

Is 52, 7-10

Sal 97, 1-6

Heb 1, 1-6

Jn 1, 1-18

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No descubrimos nada si decimos que el pueblo judío vive en la espera del mesías. Isaías nos trae hoy uno de los textos esenciales que alumbran esa perseverante confianza. Pondera el profeta la belleza de los pies que anuncian la paz y pregonan la justicia, porque el mesías no llegará de cualquier forma, sino provocando una transformación que colocará al mundo en la perspectiva de Dios aboliendo cualquier rasgo de inhumanidad. Dios reina cuando el mundo acepta su paz como fruto de su justicia. No las nuestras; las suyas: inseparables y realistas; universales y atentas a reparar cualquier mal; a subsanar, reparar y damnificar exigiendo responsabilidades sin alimentar venganzas personales. Dios es Dios para todos. Su brazo trae consolación para unos y a los otros los enfrenta a su propia verdad dejándoles presenciar esa victoria que no arrasa sino que hace patente su rostro para todos. Es  rescate para unos y otros y así es salvación para todos. Todavía hoy nos cuesta entenderlo. El salmista pone música a la misma letra. El canto de victoria se eleva desde los confines del mundo.

Para el mundo bíblico cualquier persona que estuviese especialmente cercana a Dios recibía el título de hijo suyo. Con el tiempo se oficializó este título y hubo personas especialmente convocadas para la misión de que esa transformación del mundo en beneficio de los últimos fuese algo real. Reyes, profetas y sacerdotes fueron ungidos con el encargo de hacer palpable esa presencia de Dios y su labor resultó tanto más polémica y controvertida cuanto más cercana estuvo al punto de vista de Dios.

El autor de la gran homilía a los Hebreos afirma que el Hijo, superior a cualquier otro ser celestial, fue mediador en la obra creadora y continúa mediando todavía: sostiene el universo y está sentado a la diestra del Padre. Comparte con él su misma esencia; es el reflejo de su gloria. Pero son distintos en su unidad pues es impronta, imagen, suya. Lo que nuestros hermanos mayores no terminaron de creer es que este Hijo, igual y distinto, la sabiduría creadora de Dios, su capacidad de conocer y, por tanto, de amar, fue la que se hizo uno como nosotros ¿Comprendió Dios que solo así lo entenderíamos o nos hizo así desde siempre para poder él hacerse como nosotros y ver su obra y a sí mismo desde nuestros ojos; para conocernos sin distancia alguna? La Natividad nos habla de Dios haciéndose un ser humano. Y Juan nos recuerda que caminó entre nosotros sin que le recibiéramos; que vivió en el anonimato; en una morada desconocida para nosotros; pero que, sin embargo, quienes le acogieron fueron hechos hijos por su plenitud. Por la plenitud de su carne, de su debilidad y transitoriedad. Se dice que “algo tendrá el agua cuando la bendicen”, pues será que también la humanidad tiene “algo” cuando la divinidad es capaz, no ya de habitarla, sino de asumirla como realidad propia.  Fuimos creados con el espacio y la capacidad suficiente para albergar a Dios. Dejarle nacer no es solo admitir que va a transformar nuestra vida sino también disponerse a llevar hasta la perfección nuestras posibilidades. Somos capaces de amar como Dios ama, de renunciar a nuestro egoísmo con el convencimiento de estar construyendo lo nuevo en la medida en que nos unimos a él en nuestro encuentro con los demás. La Navidad es humanización; es comunión, unión con Dios en el encuentro justo y pacífico con todas, todos y todo lo demás.  

 

Sin Título; Pintura de Pablo Sanaguano. Ecuador (2023)

 

  


Muy Feliz Natividad a todas y todos. 

 

sábado, 20 de diciembre de 2025

ESTÁ AL LLEGAR. Domingo IV Adviento

20/12/2025 – Domingo IV Adviento

Está al llegar

Is 7, 10-14

Sal 23, 1-4ab. 5-6

Rom 1, 1-7

Mt 1, 18-24

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Está ya a la vuelta de la esquina. No pasa desapercibido, sino que lo transforma todo. Puso del revés la vida de María, como ya sabemos, pero también le dio un buen giro a la de José. Tenemos a veces esa imagen de José como hombre que asume lo que le viene encima, porque es verdad que a él no se le da opción. A María se le preguntó; él, en cambio, se lo encontró todo decidido, o eso parece. Vayamos por partes. Le sorprendió el embarazo de su prometida, pero él no quería denunciarla porque “era justo”. Siempre me ha interrogado profundamente esta apreciación. ¿Sería que, de alguna forma, era ya consciente de la tremenda barbaridad que suponía la aplicación de la Ley? ¿Sería que él tenía algo que ver en el asunto? Su decisión de repudiar a María manifiesta su intención de no querer cargar con lo que no es suyo y, por lo tanto, deja sin fundamento la segunda pregunta. Manifiesta también que María le importa, pero en su fuero interno está decidido a renunciar a ella porque aunque a efectos prácticos todavía no, lo cierto es que, legalmente, y también para él, María es ya su mujer. Sin embargo, le importa tanto que no se detiene ante la más que probable interpretación del repudio privado como una asunción de responsabilidades en el enojoso asunto. Así, él aparecería como el culpable que se da a la fuga.

De este modo hubiese concluido todo si Dios no hubiese dicho su propia palabra. Curiosamente, José en hebreo significa “Él añade”. Después de que José ha tomado esta decisión, Dios añade, pone de su parte, un mensaje conciliador para el artesano. Mateo lo cuenta en forma de sueño con aparición de ángel incluida; un método muy apropiado para los mensajes divinos. Probablemente, José, fuese en realidad descendiente de David o no, conocería la historia de Israel, al menos en sus grandes hitos, y uno de ellos es el que nos narra hoy Isaías cuando, ante la amenaza de la alianza siro-efraimita, Dios mismo promete al rey el nacimiento de un niño del seno de una doncella (una chica joven o recién casada, según el texto hebreo). No parece descabellado que el recuerdo de ese episodio, en el que lo decisivo es la promesa de Dios de habitar con su pueblo, guiase de alguna manera a José en su opción definitiva. La señal que el rey no se atrevió a pedir era recogida ahora por José, que dejaba que Dios pusiese huella en su vida. Así es José; es el hombre de manos inocentes y puro corazón del que habla el salmista. De algún modo, adelantó el reconocimiento del mesías que Pablo hizo luego de forma expresa. También él recibió las antiguas promesas y las extendió más allá de sí mismo y de su propio pueblo. Lo que José aceptó al reconocer su llegada, él lo universalizó para acercarlo a todos los hombres y mujeres.

Con sus palabras y su vida Jesús transformó realidades concretas. Cambió, no sin dificultades, la existencia de sus padres en primer lugar pero también la de muchas otras personas después. A fin de cuentas, había crecido con quienes por amor renunciaron a sus propios planes. ¿Cómo no iba a disculpar y defender a quien erró por mucho amar frente a quienes querían aplicar una ley tan brutal como inamovible? ¿Cómo no habría de hacer sitio a Dios en su vida si no conoció otra cosa en su propio hogar? Quienes le conocieron descubrieron que no podían vivir ya sin él porque con él podían dar menos valor a ciertas leyes y más al Amor. Y, prepárate, porque en pocos días pretende volver a nacer en nosotros.

 

Modesto Faustini (1839-1891), Sogno di san Giuseppe

 

 


 

sábado, 13 de diciembre de 2025

ALÉGRATE. Domingo III Adviento - "Gaudete"

14/12/2025 – Domingo III Adviento. Gaudete

Alégrate

Is 35, 1-6a. 10

Sal 145, 7-10

Snt 5, 7-10

Mt 11, 2-11

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LLegamos ya al domingo “Gaudete”, de la alegría. Isaías nos habla sobre el alborozo de la naturaleza y también nos explica el motivo de esta algazara: el Señor viene y trae el desquite. La imagen que usa el profeta habla de la superación del invencible mal físico. El anuncio de esta llegada no es, sin embargo, una proclama risueña; el desquite que anuncia el profeta resarcirá el sufrimiento provocado; traerá felicidad para unos, pero pesar para otros. Anuncia el fin de un modo de vivir que genera sufrimiento a inocentes. Los rescatados del Señor retornarán a Sión, a Jerusalén, la ciudad de la paz, con cánticos que expresen un júbilo perpetuo; definitivo. Dios viene para darle la vuelta al mundo. El salmista repasa la nómina de favorecidos. No quedará nadie que si ahora sufre por cualquier motivo no se beneficie de esta llegada. La felicidad que llega es para quienes ahora lloran.

Jesús se presenta como quien transforma este orden perverso que origina mal para muchos. Tanta expectación despierta que Juan envía a preguntarle si es él el que había de venir. Sus obras hablan por él. La Palabra no se pierde en discursos. Es directa; lo que pronuncia se realiza. Y pronuncia también un elogio de Juan ponderando su integridad: no es una simple caña a merced del viento, ni un atildado predicador; es un profeta: voz de Dios. Y mucho más aún. Es la rotundidad de la Palabra expresada sin manipulación alguna, puesta al alcance de todos sin dañar a nadie; revelando a cada uno su propia verdad y ofreciéndoles la posibilidad de transformarse y acoger la definitiva llegada de quien se va aproximando, iniciando así la transformación del entorno. Preparar el camino del Señor no es predicar en el desierto, sino poner a la gente en situación de recibirlo. Esta recepción inaugura la realidad del reino de los cielos que Jesús ha iniciado ya. Contrariamente a lo que se cree a veces, no estamos en el terreno de la magia; no existen rituales ni contextos que actúen de forma automática, sino que se requiere la cooperación del ser humano para que sean efectivos. Por eso el más pequeño en ese Reino es mayor que Juan, porque ese Reino es el salto cualitativo que distingue la etapa anterior de la que Jesús inaugura. En él se da la definitiva concreción de las antiguas promesas y se actualiza la fidelidad de Dios y en él el ser humano se hace cooperador consciente en la edificación de un nuevo modo de ser y de relacionarse.

Santiago habla de paciencia porque en su época esperaba el regreso inminente de Jesús que completase la realidad de ese Reino. También hoy reconocemos que nos falta un buen  trecho. Nos queda tomar ejemplo de los profetas; de Juan, el más grande entre todos ellos, pero también de Isaías y todos los demás para ser palabra transformadora como ellos lo fueron. Es, en el fondo, la asunción de la responsabilidad de ser el espejo en el que las personas puedan contrastar su vida y descubrir la distancia que media aún entre ellas y Jesús. Recibirlo en la propia vida; dejarle nacer en la profundidad de uno mismo, misma, es el memorial que llamamos Navidad y que tenemos ya en puertas, pero difiere bastante de ese aséptico y buenista mensaje de paz y amor que llena nuestras pantallas. Es peregrinar de corazón en corazón y visitar todas las calamidades para colocar en cada una un destello de la única luz que realmente ilumina, calienta y erige en dignidad mientras uno por uno anuncia: “Alégrate, Dios nace en ti”.

 

Pieter Fransz, San Juan Butista predicando ante Herodes (1625-1628)

 

 


 

viernes, 5 de diciembre de 2025

PREPARAD EL CORAZÓN. Domingo II Adviento

07/12/2025 – Domingo II Adviento

Preparad el corazón

Is 11, 1-10

Sal 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17

Rm 15, 4-9

Mt 3, 1-12

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Se anuncia la llegada de un mundo nuevo que será conocido por sus frutos. No hablamos e etiquetas, sino de realidades. Lo que antes valía ya no va a tener lugar. La novedad podrá constatarse sin que sea posible albergar dudas sobre ella. El factor de cambio, nos dice Isaías, será el brote de un renuevo en el tronco de Jesé que inaugure la justicia y haga de la rectitud la moneda habitual. Quienes vivían en la pobreza y en el desamparo estaban en esa situación porque sobre ellos gravitaban fuerzas e intereses muy alejados de estas dos fuerzas a estrenar. No obstante, la lealtad de Dios no permitirá que nada se pierda, pues Él, que en los tiempos antiguos hizo una alianza con los errantes y los esclavos mantiene su inclinación por los últimos y no les dejará en el desamparo. Esta es su naturaleza profunda: comprometerse con los desheredados y acompañarles en sus desiertos. Y está cercano el día en que todo el país se llene de esta ciencia divina tan aprojimada que, en su presencia, a nada ni nadie le será posible permanecer como era hasta ahora. La realidad está llamada a una transfiguración que solo puede definirse con idílicas imágenes que anuncian el final de cualquier violencia, incluso de aquella que es inherente al funcionamiento del mundo natural. Todos los pueblos buscarán la raíz de Jesé porque, se entiende, serán testigos de esta transformación y comprenderán que es la única posibilidad real de cambio reparador, incluso de supervivencia. Esta es también la intuición del salmista que ahonda en la misma convicción: el rey que viene será el libertador definitivo de toda opresión y la paz será el fruto de su labor.

Juan Bautista se sitúa en la misma tradición y grita que se acerca ya el reino de los cielos. Debe ser de allí, porque no funciona como ningún otro reino de la tierra. Hay que preparar el camino al Señor. Su testimonio destila tanta autenticidad que incluso las “víboras” vienen a bautizarse. En la mentalidad judía del momento la austeridad y la penitencia eran un buen remedio para las propias faltas y, a fin de cuentas, tampoco era tan costoso dejarse sumergir en el rio. Sin embargo, el símbolo vaciado de contenido e intención pierde cualquier efectividad. Lo mismo pasa hoy en día entre nosotros, que hay quien practica ritos esperando que su cumpli-miento amortigüe sus culpas y valide una vida centrada en sus propios intereses y ajena a la compasión por los demás según esa ley de la selva de la que Isaías anunciaba ya el final; merece la pena intentar blanquearse. Mas aquellas víboras no consiguieron engañar a Juan y tampoco las de hoy lo harían. Quien viene trae un bautismo nuevo en Espíritu y fuego.

Para Pablo es necesario mantener esa unidad que asegura la paz y el criterio de unión es Jesucristo. Él es el rey que está siempre llegando y siempre presente. Ejerció la fidelidad de Dios al hacerse servidor de los judíos y acogió a todos los gentiles como práctica concreta de misericordia. Misericordia y justicia son inseparables. La paz verdadera que promete no es la que amenaza con caernos encima en estas fiestas próximas: esa tan estética y tan conformada, tan exterior y tan poco transformadora, que confía solo en el azar del sorteo y muy poco en la Palabra sincera que espera ser vivida por muchos tras su inauguración por Jesús y unos pocos seguidores. Esperamos otra cosa distinta a festejos tan iluminados que al deslumbrarnos nos  impiden percibir la llama interior que nos une a todos y hay que ir desbrozando el corazón para que la paz, la justicia y la prosperidad sean, por sin, reales para todos.

 

Preparad el corazón