sábado, 31 de enero de 2026

LO MÁS HUMANO POSIBLE. Domingo IV Ordinario

01/02/2026 – Domingo IV T.O.

Lo más humano posible

Sof 2, 3; 3, 12-13

Sal 145, 7-10

1 Cor 1, 26-31

Mt 5, 1-12

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El profeta Sofonías comienza identificando a los humildes con los que practican el derecho y buscan la justicia. Ellos son el “resto”; lo que ha de quedar del pueblo que se pierde en pos de los ídolos. Las visiones de Sofonías presentan a un Dios castigador que, en el día de su ira, deja a su pueblo en manos de sus enemigos. Nos cuesta reconocer en él al Dios de Jesús, pero hemos de verlo como la lógica de su pedagogía; de su acompañarnos en nuestro caminar. Él no nos deja solos; tampoco cuando metemos la pata. Otra cosa es que toda desgracia nacional sea interpretada como castigo divino. Podría también verse como sostén en medio de la tragedia. Dios no abandona nunca, sino que convoca siempre y entre las ruinas va a encontrar un remanente fiel al que consolar y acompañar si consienten en cambiar de actitud; si dejan de perseguir la gloria que cultivan las naciones amparándose en que también para ellos Dios quiere la misma corona. Esa es la convicción que expresa el salmista. El Señor es rey de los últimos, de los abandonados y humillados por todos.

Es también el mensaje que transmite Jesús en el inicio de este sermón que Mateo coloca en un monte. La vida es complicada, esto no lo dice porque ya lo sabe el auditorio; todos se obstinan en ser mejor, más alto, más fuerte, más rápido, más rico, más poderoso que los demás y, por su puesto, sin ninguna elegancia olímpica en sus métodos. En ese camino cada uno encuentra sus propios ídolos y establece las relaciones más ventajosas posibles. El resultado es el caos en el que nos encontramos, del que ya habló Sofonías y que Jesús encontró y todavía encuentra hoy en día. Para ponerle coto a esta realidad se necesitan personas decididas que quieran plantearse la vida del modo en que Jesús se la plantea; es decir, tal como Dios nos la viene ofreciendo desde el principio. Esta gente tan decidida tiene que practicar la forma de ser que se enuncia en las bienaventuranzas. Siendo pobres, mansos, justos, misericordiosos, limpios de corazón y pacíficos conocerán un mundo mejor; un mundo santo; un mundo en el que sus relaciones sean tal como Dios las soñó. Y esto será así a pesar de verse perseguidos y a pesar de vivir entre lágrimas. Jesús no pregona la resignación; proclama una forma diferente de vivir que, aportando mucha más calidad de vida a quien la práctica, produce una negación de los poderes políticos y religiosos que, al verse amenazados, no dudarán en proscribirla y, en cuanto les sea posible, erradicarla. Alguien describió las bienaventuranzas como las ocho puertas para entrar en el Reino de Dios; yo creo que son más bien, ocho pautas para el crecimiento, para la profundización en uno mismo, para avanzar en humanidad. Aceptando la vida tal como se ve desde estas ocho pautas se vive mejor, aunque desde fuera pueda no parecerlo; se vive de forma mucho más acorde a nuestra naturaleza íntima; se encuentra antes y mejor al amado en la profunda morada que nos hermana a todos.

Pablo, pese a conservar no poca de su rigidez de fariseo, supo entrever esta novedad y expresó perfectamente como Dios mojaba la oreja del mundo eligiendo a los despreciados por las élites. No somos un pueblo de necios, despreciables, ignorantes; es que nuestros valores tienen poco que ver con los de los triunfadores y, mucho más importante aún, nuestros métodos tienen todavía mucho menos en común con los de ellos. Nos empeñamos, aunque duela, en ser lo más humanos posibles tratando a todos del modo más humano posible.

 

Carl Boch, El sermón del monte (1877)

 

 


 

 

 

domingo, 25 de enero de 2026

TRES PUNTOS. DOMINGO III Ordinario

25/01/2026 – Domingo III T.O.

Tres puntos

Is 8, 23b – 9, 3

Sal 26, 1. 4. 13-14

1 Cor 1, 10-13. 17

Mt 4, 12-23

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Los antiguos territorios de las tribus de Neftalí y Zabulón fueron invadidos por fuerzas enemigas y esto, de acuerdo al espíritu de la época, fue interpretado como un castigo divino. Sin embargo, ninguna pena dura para siempre. Isaías predice que las gentes de esa región verán surgir en ella una luz grande que pondría fin a su sufrimiento. Podremos discutir lo del castigo, pero lo evidente es que Dios siempre está cerca, acompaña y suscita libertadores que den un vuelco a la situación, tal como hizo ya con antiguos rivales como Madián. Así pues, será allí, entre esas gentes que han llegado para ocupar los terrenos y las viviendas expoliadas de donde surgirá la renovación. Primer punto de hoy: la solución rara vez llega de lejos; es aquí, pese a la indignidad que queramos achacar a las personas y las situaciones, donde todo comienza a renovarse. La clave está en la confianza que esgrime el salmista ¿a quién temer si el Señor está de nuestro lado? La esperanza es gozar su dicha aquí mismo, en el país de la vida, no en patrias futuras, celestes y desnaturalizadas.

Tras el arresto de Juan, Jesús se retiró a Galilea, la tierra de Zabulón y Neftalí. El paso del tiempo había transformado la región en una provincia rica y próspera, poblada de nuevo en su mayoría por judíos, con importantes núcleos comerciales y rurales en torno al lago. La costa marítima, eso sí, se había helenizado mucho y tal vez por esto Galilea arrastraba aún el apelativo “de los gentiles”. Allí coloca Mateo, en relación directa con la profecía de Isaías, el comienzo de la predicación de Jesús que se lanza al mundo anunciando la cercanía del reino de los cielos y, como Juan, la necesidad de conversión; esto es, de darle un giro a la vida. Es Jesús mismo el primero en girar y se instala en Cafarnaúm, un pueblo pesquero en la ribera del lago y de allí llama a sus primeros discípulos que no dudan en dejarlo todo para seguirle. Con este vuelco se deja espacio para que esa realidad que llamamos reino de los cielos crezca en nuestro interior. Esta es la segunda cuestión de hoy: No solo es aquí, sino en nosotros donde comienza el cambio, pero hay que dejar espacio para que la realidad que somos pueda maniobrar, afianzarse y comenzar a crecer. El reino del que habla Jesús está tan cerca que nos pasa desapercibido porque lo buscamos fuera y lo esperamos grandilocuente y, sobre todo, porque pensamos que se va a amoldar a nuestra costumbre. Porque esta vida que llevamos es una experiencia certificada por la garantía personal de quien nos la transmitió.

Pablo entendió que ningún maestro puede asegurar nada más allá de la coherencia de su propia vida. Cristo, dice, dio la vida por nosotros y en su nombre fuimos bautizados. Estos dos hitos nos colocan en disposición de seguirle. Su entrega nos interpela y nuestro bautismo nos compromete. Todos somos otros cristos si orientamos nuestra vida en la misma dirección que él; sin privilegios ni prioridades. Pero ni siquiera Cristo puede garantizar que no nos perdamos siguiendo a Apolo, a Cefas, a Pablo o a su misma imagen pasada por el tamiz de cualquiera de ellos o por el nuestro propio. “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres” dijo Jesús. Hoy decimos que la pesca escasea fuera de la pecera y comprobamos que hemos privatizado el Reino siguiendo modelos equivocados; tendremos que cambiar de dirección porque quedan, sin duda, muchas heridas que nos llaman. Tercero: Lo que en nosotros crece no prospera en la medida en que recogemos sino en la que nos damos.

 

Tres puntos

 

 


 

 Un abrazico enorme para Angelines y toda esa familia que sigue adelante.

 

sábado, 17 de enero de 2026

EN EL ESPÍRITU. Domingo II Ordinario.

18/01/2026 – Domingo II T.O.

En el Espíritu

Is 49, 3. 5-6

Sal 39, 2. 4ab. 7-10

1 Cor 1, 1-3

Jn 1, 29-34

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El domingo pasado, fiesta del Bautismo del Señor, leíamos el primero de los famosos cuatro cantos del siervo que aparecen en el libro de Isaías. Hoy leemos el segundo. No está claro a quien se refiere el profeta al hablar de este siervo. Para algunos representa una figura futura y misteriosa, para otros se refería al pueblo de Israel o, mejor, a alguna porción de él, a un “resto” que se mantendría fiel pese a todas las adversidades. Los primeros cristianos consideraron que Jesús se identificó con él y entendió su propia vida desde esta figura. Aunque la liturgia nos lo ahorre en la lectura de hoy, merece la pena detenernos en el versículo 4 que expresa la preliminar desazón del siervo al no ver su esfuerzo compensado por el éxito, por lo que dudaba de si Dios estaba realmente al tanto de todos sus desvelos. Frente a esta desilusión llega el consuelo, que es el fragmento que hoy acogemos. En él el siervo se siente sujeto elegido para su misión desde el mismo seno materno, pero Dios, como es propio de él, supera todas las expectativas y le revela al siervo que es poco el hecho de que viva su vocación en terreno ya conocido de modo que, superando cualquier limitación le va a hacer “luz de las naciones”. El salmista refleja bien esa duda inicial del siervo y cambia la ampliación territorial descrita por el profeta por una renovación que dará preeminencia a la aceptación de la voluntad divina y la proclamación de la justicia sobre la liturgia sacrificial. 

El domingo pasado leíamos también el relato del bautismo de Jesús según Mateo y hoy nos detenemos en la versión que ofrece Juan. Aquí Jesús no es bautizado, al menos físicamente, pero es reconocido como el cordero de Dios sobre el que el Espíritu desciende y permanece. Jesús es sobre quien el Espíritu se ha posado y esa presencia, tal como anticipaba el salmista, invalida cualquier otro sacrificio expiatorio porque él ha suprimido ya el pecado del mundo realizando la justicia que es fruto de la voluntad del Padre. Que Juan reconozca en Jesús este papel no depende de que vea palomas sobre él, sino de que perciba en su actuar la presencia del Espíritu; el dinamismo que acerca a Dios a la profundidad del ser humano para colmarle y dignificarle. Volvemos a encontrar la vinculación entre bautismo y justicia que ya veíamos la semana pasada y le añadimos hoy la supresión de una ritualidad estéril que debe repetirse una y otra vez para satisfacer el ego de los participantes, pero que, como al siervo del versículo 4 de Isaías, deja insatisfecho y desconcertado a quien compromete su vida con la causa de Jesús. A éste se le reconoce, como Juan, por su capacidad de hacerse presente, de levantar y dignificar y de bautizar con Espíritu Santo.

Sintonizar con este proyecto requiere un “Aquí estoy”; es decir, invocar el nombre de Jesús el Cristo y aceptar su vida como proyecto propio. Se crea así el lazo que une a hermanos y hermanas en la única categoría de “santos”. Tal como Pablo y Sóstenes afirman al comenzar su carta a los corintios no importa el lugar en el que esa invocación y aceptación se produzcan. Mucho más allá de cualquier limitación que acote a la asamblea clausurándola sobre sí misma, ésta solo será auténtica cuando se abra a todos aquellos que tienden puentes entre unos seres humanos y otros y construyen unidad sin ceñirse a viejas exclusividades. Entre todas las naciones, nos reconocemos y bautizamos unos a otros. Somos luz unos para otros y construimos así la única fraternidad verdaderamente posible: la basada en el Espíritu.

 

En el Espíritu

 

 


 

 Con un abrazo especial para Charo y familia.

 

sábado, 10 de enero de 2026

SIN PROTAGONISMOS - El Bautismo del Señor

11/01/2026 – El Bautismo del Señor

Sin protagonismos

Is 42, 1-4. 6-7

Sal 28, 1b. 2-3a. 3c-4. 9b-10

Hech 10, 34-38

Mt 3, 13-17

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Pese a su orgullo patrio y a su épica interpretación de la historia, la estratégica situación geográfica de su territorio le acarreó al pueblo judío vivir manoseado y trasegado por todas las potencias que le rodeaban y utilizaron su suelo como tierra de paso y escenario para sus comercios y reyertas con otros vecinos. Excepto en contados, breves y magnificados periodos de tiempo, la liberación fue el anhelo constante de Israel. Esta lacerante realidad contrastaba fuertemente con su conciencia de pueblo elegido y surgió la figura del mesías como promesa de liberador que había de venir de parte del mismo Dios para colocarlo todo en su sitio. Así, la esperanza mesiánica propició la aparición de numerosas figuras que pretendieron llevar a cabo esta misión. Pero, igual que de Teruel no es cualquiera, tampoco cualquiera podía asumir este papel. Mesías es el ungido y es Dios el que unge, normalmente a través de un mediador (que no intermediario) y con ese acto derrama el Espíritu sobre la persona que, ya lo dice Isaías, pasa a ser su siervo. Hoy no gusta esa palabra. Indica que para ser mesías hay que renunciar al propio interés para cultivar el de Dios, es decir, empeñarse en  que la justicia se manifieste para todos de tal manera que los ciegos puedan ver y los cautivos ser liberados. El mesías es alianza: es promesa de Dios, es compromiso concreto del pueblo que, desde la evidencia del cambio, da luz a todas las naciones. El salmista insiste en que Dios, solo él, es el rey eterno.

Mateo nos presenta a Jesús yendo personalmente a recibir el bautismo, la unción de Dios, de manos de Juan. La iniciativa de Jesús es personal, pero refleja también el compromiso del pueblo porque lo público solo se edifica a partir de lo personal; la asamblea no es masa. El mensaje de Dios, lo oyese solo Jesús o todos los presentes, es testimonio de la realización de su promesa que reconoce a Jesús como Hijo. El salmista nos dice también que todos los hijos de Dios son llamados a bendecirle. El pueblo, la asamblea unida, que asume como propio el interés divino, se transforma en el conjunto de los hijos de Dios. Lo que queda pendiente es que la transformación que Jesús va a iniciar en su entorno y la que el pueblo está llamado a realizar sean perceptibles por todas las naciones.

Según Pedro, que hoy nos habla por la pluma de Lucas, quedó claro para todos que Jesús “pasó haciendo el bien” y este bien no puede identificarse con otra cosa que no sea la justicia. El mismo Pedro nos dice que Dios no hace acepción de personas y acepta a todo el que le teme y practica la justicia. Ya sabemos que el temor de Dios no es miedo, sino asunción de su perspectiva, de su voluntad, de sus planes. Y la definición de la justicia nos la ha dado ya Isaías: sanar y liberar. El profeta repetirá esta misma idea en varios textos más y cuando Juan envíe a sus discípulos a preguntarle a Jesús si es él el enviado, Jesús utilizará uno de esos textos de Isaías como queriendo decir: “esto es lo que hay; la justicia de Dios se está cumpliendo; no soy yo el protagonista”. Ese es el lenguaje que Juan podía entender. No hay más vuelta de hoja. El bautismo es compromiso por la justicia; por alcanzar una situación óptima para todos sin que tengamos que detenernos a considerar nación, idioma, posición, raza, género o religión. Dios solo nos pide que nos comprometamos en crear un mundo amable con todos y el Espíritu que nos entregue en su unción nos hará hijos; hermanos. 

 

Menologio de Basilio II, pg. 299 (Siglo XI) - Biblioteca Vaticana (Roma)

 

 


 

 

Para Pablo y Mateo, que hace poco se bautizaron. 

  

lunes, 5 de enero de 2026

REYEZUELOS Y DIOSECILLOS. Epifanía

 

06/01/2026 – Epifanía

Reyezuelos y diosecillos

Is 60, 1-6

Sal 71, 1-2. 7-13

Ef 3, 2-3a. 5-6

Mt 2, 1-12

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Etimológicamente una epifanía es una manifestación pública; es que algo o alguien brille (fanein) por encima (epi) de la superficie, sin que nada ni nadie pueda ocultarlo. Normalmente, la antigüedad clásica reservaba el término para un sujeto importante: una personalidad notable o algún dios. En este caso, ya no cabe duda: el rey de los judíos ha nacido. Mateo habla de magos (que no reyes) de oriente que venían buscando a ese nuevo rey y a los que, por esas sorpresas que nos da la historia, hay que identificar con estudiosos de los astros, posiblemente de origen persa, que combinaban lo que hoy conocemos como astrología y astronomía con funciones sacerdotales y teológicas propias del zoroastrismo. Eran hombres de fe, pero también científicos de su época pues ni entonces ni ahora ciencia y fe resultan lugares incompatibles. Por encima de eso, eran personas abiertas a la novedad, que sabían ver más allá del fenómeno concreto; eso pudo ser lo decisivo en su caso y podría serlo también hoy en día. Por un lado, identificaron a la estrella con el anuncio del nacimiento de alguien importante; por otro lado, no dudaron al descubrir la pobreza del recién llegado y obedecer el oráculo recibido en sueños, pues lo presenciado no podía tener otra explicación que la de su origen divino. Más que una manifestación pública fue un reconocimiento pese a las apariencias y nos dice que tanto la fidelidad a la tradición, representada por la profecía que ellos conocieran, fuera la que fuese, como la rigurosidad técnica y científica, exigen de nosotros la apertura a lo nuevo y la rendición ante la verdad oculta tras los simples hechos. Solo cabe, entonces, la contemplación.

Era de esperar un joven príncipe nacido en un palacio. Pararon en Jerusalén al desaparecer la estrella porque era lo lógico, pero encontraron lo que buscaban en otro lugar muy diferente. Mateo toma de Isaías los dones del oro y del incienso, adecuados para un rey y para Dios, pero añade la mirra, propia de los seres humanos y sus necesidades elementales. Esta es la innovación. Que una nación dijese que su rey era Dios no resultaba extraño en aquellos días, pero que ese Dios se hiciese humano era un sinsentido. Isaías imaginó un opulento desfile de autoridades acudiendo a Jerusalén, el centro del mundo, y el salmista nos recuerda que el rey verdadero se ocupará del pobre, del indigente y del desvalido. La tradición ha reservado para la mirra un papel destacado en el entierro de Jesús, pero no nos encaja bien esa imagen de Jesús, o de alguien de su entorno familiar, atesorando algo para el futuro, mejor podremos decir que él la había gastado ya con todos aquellos que se cruzaron en su camino y necesitaron sanación de cualquier tipo.

La carta a los efesios subraya el valor universal de esta vocación de Jesús, revelado ya definitivamente sin género de dudas. Quienes fueron llamados a postrarse ante él por el profeta son confirmados coherederos por el apóstol. No existen personas ni pueblos de segunda o tercera; todos ellos son merecedores de respeto y debe velarse por su integridad y seguridad sin que criterios supuestamente altruistas o justicieros puedan justificar intervenciones que surgen de intereses económicos o políticos. A todos debemos, como Jesús, acogerlos y ungirlos con la mirra de los magos. Con el oro y el incienso habrá que tener cuidado porque muchos esperan recibirlos en exclusiva suplantando papeles que no son suyos. 

 

Leonardo da Vini, Adoracioni dei magi (1481-1482)

 

 


 

 

sábado, 3 de enero de 2026

LA SABIDURÍA Y LA PALABRA. Domingo II Navidad

 04/01/2026 – Domingo II Navidad

La Sabiduría y la Palabra

Si 24,1-2. 8-12

Salmo 147, 12-15. 19-20

Ef 1, 3-6. 15-18

Jn 1, 1-18

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La Palabra se ha hecho carne. Este es el apretadísimo resumen de lo que venimos viviendo en estos días de Navidad. La Palabra ha nacido entre nosotros. Es el motivo de nuestra fiesta. Esta realidad se descubre en un proceso que ocupa su tiempo. No será descabellado afirmar que en medio del ritmo tan acelerado de nuestros días echamos de menos espacios en los que saborear el mundo de una forma distinta a la habitual. Cuando nos sentimos arrastrados por lo que hay reconocemos que nos hace falta un ancla que nos devuelva la firmeza y que nos ponga a salvo del naufragio. Es la Sabiduría de la que nos habla la tradición judía. Fue asistente de Dios en la obra de la creación; es distinta de él, pues también es creación suya, pero Dios mismo la envía como representante suya y ella echa raíces en el pueblo y reside en su congregación. Así nos lo dice el Sirácida y el salmista le da la razón mostrando lo bueno que Dios ha hecho por su pueblo presentando a Jerusalén como el marco en el que todo eso se hace real. Es la ciudad de la paz; el lugar donde no existe necesidad que alimente inquietud alguna. Es una paz “desarmada y desarmante” que da seguridad sin imponerse sobre los demás; que está deseando ponerse al alcance de todos; que se manifiesta en lo profundo del ser y se reconoce en una originalidad que no veta su acceso a nadie. Somos afortunados, pero eso no implica exclusividad.

La Palabra no es una realidad extraña a Dios sino que es Dios mismo haciéndose presente entre y en el ser humano asumiendo su misma naturaleza humana. Es lo nunca visto; lo absolutamente inesperado. Pero, nos dice Juan, esta absoluta novedad tiene el peligro de no ser tan perceptible como una manifestación de las de antes, de las buenas, de las de las películas…  se nos hace difícil reconocer lo que viene de Dios porque nuestras expectativas no son realmente las suyas, sino las que marca la realidad que nos rodea. Así es; será unas veces la búsqueda de lo nuevo frente a la esterilidad de lo antiguo y otras el eco de lo ya conocido que aporta seguridad, pero el caso es que la Palabra se nos escapa entre los dedos.

La sabiduría es el conocimiento; el amor de Dios en acción y se dispone a darle la vuelta a lo que vivimos para que realmente nuestro fundamento surja de lo interior sin depender de lo externo. Ese interior es la residencia de la Palabra; de la fuerza creadora que es también el modelo de la acción divina, por el que todo fue hecho. Para nosotros la Palabra es igual a Cristo; es condensación de lo divino en coordenadas concretas y es universalidad que abarca a todo ser humano, porque todos hemos sido bendecidos, elegidos y destinados a ser hijos. Nos lo afirma el autor de la carta a los efesios, que para todos nosotros pide sabiduría y revelación. Es lo mismo que pedir discernimiento; capacidad de reconocer al Dios que nace en cualquier pesebre sin que nos despiste ninguna otra cosa. Como somos humanos nos valdremos de los sentidos, porque es nuestro modo habitual de conocer, y porque todos le nombran, pero también de la solidez de esa vivencia íntima que nos desarme frente al extraño y al diferente, incluso frente al enemigo, de forma que sea también desarmante y reste utilidad a cualquier enfrentamiento. Y recordaremos que, pese a quien pese, re-velar no es dejar las cosas claras, sino volverlas a velar; presentarlas de modo que se aclare lo necesario para esta hora, pero sin que eso agote ese misterio insondable que nos da vida.

 


La Sabiduría y la Palabra

 

 


 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

TRES PROPÓSITOS. Año Nuevo. María, madre de Dios.

01/01/2026 – Sta. María, madre de Dios

Tres propósitos

Núm 6, 22-27

Sal 66, 2-8

Gál 4, 4-7

Lc 2, 16-21

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Para muchos es costumbre terminar el año haciendo balance de lo ocurrido y lo vivido, de lo bueno y de lo malo. También es frecuente formular buenos propósitos para el año que llega. En ambientes creyentes estos análisis y proyectos se acompañan con una acción de gracias. La liturgia de hoy retoma nuestras raíces judías y nos propone comenzar el año con una bendición. Con ella deseamos a quien la recibe que el Señor le bendiga, le guarde, tenga misericordia con él y le conceda la paz. Cuatro acciones concretas por las que Dios da a conocer su rostro. Es él quien provee de lo necesario, protege, favorece y restituye; él brinda reposo y sustento, te cuida, te conoce lo bastante para mirarte siempre con bondad y pone a tu alcance aquello que otros te niegan. Esta es la famosa bendición sacerdotal del libro de Números, pero no lo es por ser exclusiva de los sacerdotes, sino por ser propia de un pueblo llamado a ser, en conjunto, para todos los demás, camino hacia Dios. El salmista explicita este carácter mediador. Todo el pueblo es destinatario y pronunciador y, en cuanto tal, actor que procura para los demás aquello que les desea.

Dios mismo quiso ejercer su papel tutelar en primera persona y se decidió a hacerse hombre. Posiblemente ese era su plan desde el principio. No se hizo humano por rendición ni desesperación, sino por amor. Dios ama pródigamente. Se niega tanto a sí mismo que se hace uno como nosotros, pero para poder serlo necesita tener una madre. Los judíos, que no entendían que alguien fuese judío si no procedía de una madre judía, nos transmitieron a los cristianos este valor decisivo de la maternidad de María. Es madre de Dios que se hace hombre, porque sin ella no sería hombre verdadero. Es cierto, sin embargo, que, fuera de los primeros momentos, el papel da poco protagonismo a aquella buena aldeana que, de momento, lo guardaba todo en su corazón. Es allí, en el centro del ser, donde se pondera la vida y desde allí surge el Dios hombre que María pone a nuestro alcance. Ella le hace presente. También nosotros estamos llamados a hacerlo presente. A ser madres, a dar a luz a Dios, en definitiva. A poner nuestra humanidad como tierra fecunda en la que él pueda hacerse local en coordenadas concretas; en la que pueda florecer y hacerse accesible para todos.

Dios nació bajo la ley, no podía ser de otro modo, se encontró sometido a los mismos condicionantes que todos y de todos ellos se liberó. Dirán algunos que esto fue posible porque era Dios, pero lo cierto es que lo hizo siendo humano y poniéndose en diálogo con el Padre. Nos mostró un camino. Fue Dios-con-Nosotros siendo plenamente hombre. Si no habría sido una aparición, mera ilusión. Por todo esto no somos herederos de una gloria futura sino de la experiencia vital del pueblo de Israel, de la de María y de la del mismo Dios hecho carne mortal. Israel, aunque fuese en la piel de individuos concretos, sabios y profetas, muchos de ellos anónimos, superó su exclusivismo y se abrió a todos los pueblos; María quiso y supo criar a Dios y, a pesar de las restricciones que su tiempo imponía a las mujeres, hizo de él un varón equilibrado y amoroso y Dios, pese a que la Ley hablase tanto del peso del pecado, vivió en Jesús la grandeza de la humanidad a la que llevó, creemos nosotros, a su máxima expresión. Estamos lanzados hacia una humanidad que espera una bendición real, efectiva, que derribe fronteras, que borre barreras y acompañe en la profundización de lo humano.

 

Madre de Dios de Yakhrom (Vladimir, Rusia)

 

 


 

Que en este año que comienza sembremos paz para todos.

 

 

sábado, 27 de diciembre de 2025

DONDE NADIE SUFRA. Domingo I de Navidad

 

28/12/2025 – Donde nadie sufra

Día de la Sagrada Familia

Si 3, 2-6. 12-14

Sal 127,1-5

Col 3, 12-21

Mt 2, 13-15. 19-23

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Los Santos inocentes

1Jn 1, 5 - 2, 2

Sal 123, 2-5. 7b-8

Mt 2, 13-18

 

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El libro de Sirácida es una reflexión profunda sobre la vida, a la que muchos ven como un absurdo. El autor va desgranando orientaciones que él considera importantes. Como nadie se toma la molestia de aleccionar sobre lo que ya es una realidad, podemos suponer que nuestra primera lectura de hoy es el encarecido encargo por alcanzar lo que se consideraba una vida familiar sana. Está, a todas luces, inspirada en el cuarto mandamiento del decálogo y presenta los beneficios que proporciona un verdadero respeto a los mayores. Ha añadido, además, la afirmación de que “la limosna” de los padres repercutirá en beneficio de los hijos que es la variante positiva de la célebre retribución genética que todavía Jesús discutió en los evangelios. El salmista nos presenta la bendición de Dios como motivo de prosperidad y vemos que la convicción del momento aseguraba que la familia y sus componentes eran, sin paños calientes, objetos que premiaban al varón que temía al Señor.

Siglos después volvemos a encontrarnos a José soñando. Los sueños, ya dijimos, indican una intervención directa de Dios. En esta ocasión pone a Jesús y a sus padres a salvo y revela el motivo de su procedencia galilea. Sigue siendo el cabeza de familia quien toma la decisión pues otra cosa habría sido impensable en el mundo judío del siglo I. Este librarse del peligro tuvo, como sabemos, la contrapartida de una masacre que, por un lado, conectaba a Jesús con Moisés poniéndoles en continuidad y, por otra, dejaba claro de lo que el corazón humano es capaz cuando se obstina en perseguir sus propios intereses. Contra ese movimiento egoísta, la carta a los Colosenses presenta un ramillete de comportamientos en el que, finalmente, incluye también a las familias, pero en esta ocasión, contrariamente a lo ya visto, da protagonismo a todos sus miembros; cosa que, si era necesario predicarla, tampoco debería ser algo habitual. Ningún cambio es sencillo.

La familia no es una realidad clausurada, pues a su vitalidad hay que agradecer la incipiente formación de individuos que serán capaces de dedicarse al bien común. De forma progresiva se irán ampliando los círculos sociales y se descubrirán nuevas familias que serán también terrenos fértiles y espacios de celebración y merecen la atención y tutela de todos para que no puedan llegar a producir daño. Las relaciones familiares deben basarse en el respeto y la proexistencia; son todo lo contrario al egoísmo y, desde esta perspectiva, son modelo y escuela para todas y todos. Pero, precisamente por descuidar esta naturaleza esencial pensando que, como apunta Juan, se estaba ya en lo correcto, han causado a lo largo de la historia heridas profundas en miles de inocentes. Inocentes son quienes padecen por sufragar el coste de un progreso que beneficia a otros; las y los prescindibles; quienes mueren cuando unos pocos se ponen a salvo; quienes deberían recibir amor y respeto, pero encuentran todo lo contrario... Jesús habló de una nueva familia universal que no podía regirse ya por las normas que habían servido hasta entonces. Nos llama a crear una nueva familia que, superando convenciones, territorios, creencias y orientaciones cuide de todos y no lastime a ningún inocente, sea adulto o infante. No existe verdad cierta que deba imponerse a cualquier precio. Nazaret no es un escondite; es el lugar donde se hace real la predilección y el especial cuidado de Dios a los últimos que canta el salmista. Allí brota una nueva relación que incluye a todos y no permite que nadie pague los platos rotos en solitario.  

 

Juan Rodriguez y Lucas Giraldo, Relieve de la matanza de los inocentes en el trascoro de la catedral de Ávila