jueves, 16 de agosto de 2018

¡SALTA! Domingo XX Ordinario


19/08/2018
¡Salta!
Domingo XX T.O.
Pr 9, 1-6
Sal 33, 2-3. 10-15
Ef 5, 15-20
Jn 6, 51-58
La Sabiduría ha preparado un banquete para celebrar la edificación de su casa perfecta, asentada sobre siete pilares, y convida a la fiesta a los inexpertos y a los faltos de juicio: a quienes más pueden necesitarlo pues en su mesa se dará a sí misma, no ofrece nada ajeno ni ningún bien material. Ella es, a la vez, lo mejor y el cimiento de su casa perfecta, y en la perfección de su acción es ella la que ha preparado el vino y sacrificado los animales. No se guarda ningún secreto, ofrece cuanto es. 
También Jesús ofrece en su mesa cuanto tiene y es. Su propia vida. Su manera de ser y de vivir. Jesús nos ofrece su cuerpo y su sangre. Comer su carne y beber su sangre es hacer propio su estilo de vida y participar en su compromiso, en sus inquietudes y luchas. Jesús nos ofrece una nueva sabiduría a todos nosotros, inexpertos y faltos de juicio. Paralelamente, el mundo, esa sociedad centrada en los primeros pronombres: yo, mi, me, conmigo, y obsesionada por el enriquecimiento del sujeto que esgrime esos pronombres, a costa de los segundos y terceros, nos ofrece también su propio banquete. El misterio de la vida puede centrarse en elegir una de estas dos mesas.
Podemos ser faltos de juicio según el criterio de los hombres, podemos tener valores diferentes y extraños para esa sociedad egoísta. En tal caso, no seremos nunca comprendidos y dirán, de forma inmediata, que estamos idos, y se extenderá la convicción de que somos peligrosos. Candidatos, por tanto, a la vigilancia y merecedores, en caso extremo, del extermino. No será, en la mayoría de los casos, un exterminio espectacular o sangriento, pues todos somos ya civilizados. Sólo tienen que encontrar el precio adecuado, el vino que te embriague y te lleve al libertinaje. O tal vez nos consideren ingenuos, bienintencionados pero inexpertos en la vida. En ese caso, sólo es cuestión de tiempo pues acabaremos descubriendo ese vino por nosotros mismos. Cuando esto ocurra podremos entrar en su banquete. Mientras esperamos a las puertas, Jesús se nos ofrece como sustento para continuar adelante. Nadar contracorriente siempre es difícil y él nos ofrece no sólo una estela que seguir, sino también un cardumen en el que integrarnos. No estamos solos. Podemos, por el contrario, ser faltos de juicio según el criterio de la Sabiduría, según el criterio de Jesús que ofrece una nueva forma de entender el mundo, un nueva manera de relacionarse entre todos, un nuevo camino que nos conduzca a metas distintas, un sentido diferente a nuestros días, un nuevo y completamente original Espíritu que nos lleve hasta la Vida. Y todo esto nos lo ofrece gratuitamente, sin esperar a que lo entendamos todo, aceptándonos en nuestras dudas y pobreza, pero sanándolas. Percibir la cualidad de esta alternativa nos llevará a cuestionar todo lo demás, a descubrir el significado profundo de valores que vivíamos a medias, domesticando su significado último y aceptando que nada nuevo hay bajo el sol. Reconocer nuestra falta de juicio en este sentido y aceptar la invitación a este banquete es ingresar en el bando de los simples, de los inexpertos, de quienes comienzan su andadura desprovistos de coraza, de quienes van conociendo una nueva inteligencia, de quienes saltan hacia el mar tal como son, sin protegerse ni esconder nada: aceptándose en la aceptación de quien les llama. 

¡Salta!

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