26/07/2026
Un hogar para todos - Domingo XVII T.O.
1 R 3, 5. 7-12
Sal 118, 57. 72. 76-77.
127-130
Rm 8, 28-30
Mt 13, 44-52
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La sabiduría de Salomón tiene origen en un don divino. No creo que Dios haga listos a unos y tontos a otros. Todo es don de Dios y cada uno recibe el don de diferente manera. Luego, nosotros valoramos más unas cosas u otras.
La cuestión de hoy, sin embargo, está en la capacidad de recibir lo que nos es entregado. Salomón comienza pidiendo con magnanimidad. No exige nada para él mismo, sino para poder gobernar a su pueblo. Asume lo que le viene, pero viendo su limitación, pide ayuda.
El salmista declara que su porción es el Señor, de modo que guardar sus
palabras y seguir sus preceptos le sacan de sí mismo y le acercan a los demás y
para sanar los sinsabores que eso le pueda ocasionar, recibe el consuelo de su
bondad. Pese a cualquier inconveniente y frente a las incomprensiones, quien
recibe y acepta el don sabe que tiene un tesoro por el que vale la pena dejar
todo lo demás.
Jesús sigue hoy con sus parábolas para decirnos esto mismo. En la de la perla y el tesoro oculto queda clara la comparación. La de la red y los peces tiene más que ver con lo que ocurre después porque hay quienes acogen el mensaje del Reino, pero se mantienen aún fieles a viejos valores y perspectivas o caen presos de la corriente que domine el momento. Aceptar es importante, pero se necesita también la constancia del salmista para no caer en engaños.
Nos lo aclara el símil del escriba y el padre de familia que deja a un lado el colorido apocalíptico de la parábola y se centra en lo esencial. El Reino, aunque pase inadvertido, lo cubre todo. En él se da cita lo que fue con lo que es mientras que lo que será se hace presente como promesa. Lo nuevo y lo viejo pueden ser válidos para erigir el futuro; cada uno aporta lo suyo. El talento del escriba o del padre es saber sacar lo que conviene en cada momento.
Hay mucho que dejar atrás como hay mucho también a lo que no conviene darle marchamo de autenticidad. La cuestión entonces será discernir qué es lo más conveniente en cada ocasión; qué es lo que verdaderamente responde a los valores del Reino en este día.
Pues, dicho con sencillez, es aquello que se ajuste a los valores de Jesús. En un contexto apocalíptico como el de la parábola nos lo aclarará el mismo Mateo unos capítulos más adelante: los que visitaron a presos, o a enfermos, o dieron de comer a hambrientos… esos son los buenos; esta es la buena práctica que podemos sacar de la red y colocar como guía.
Como el Reino es tan extenso vale también cualquier práctica que siga esta intuición aunque se dé fuera de nuestro territorio conocido, de nuestra propia tradición, de nuestra Iglesia, para ser claros. Por lo tanto, cualquier práctica que atienda al bien del ser humano pobre, dependiente y marginado es semilla del Reino que debe cultivarse. Se dé donde se dé y aunque no se pliegue en todo a nuestras formulaciones.
Esta es la predestinación de la que nos habla Pablo. Dios piensa en todos como hermanos. Ni crea ni apoya una humanidad dividida en modo alguno.
Invita a todos a esa unidad que es reflejo de sí mismo, pero que, por nuestra propia variedad, solo puede expresarse en la diversidad.
Somos cada uno quienes tenemos que decir que sí, que aceptamos y nos comprometemos a poner en juego la sabiduría de Salomón, la que Dios da a los corazones generosos.
A ellos, Dios los justifica; no son ellos
quienes tienen que ganarse la salvación, sino que son glorificados por él: son,
pese a sus limitaciones, transformados en manifestación de la gloria divina,
porque esta no se expresa en la perfección tal como nosotros la entendemos,
sino en la complementariedad de la salida y la acogida que crea un hogar
universal para todos.
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| Vidrieras del tesoro escondido y la perla. Scot's Church (Melbourne) |
Un gran abrazo para Antonio, Loles, Alberto y demás familia.







