sábado, 15 de marzo de 2025

En permanente búsqueda. Domingo II Cuaresma

16/03/2025

En permanente búsqueda – Domingo II Cuaresma

Gén 15, 5-12. 17-18

Sal 26,1. 7-9c. 13-14

Flp 3, 17 – 4, 1

Lc 9, 28b-36

Si quieres ver las lecturas pincha aquí 

Tenemos hoy la mirada puesta en el futuro. Abram había sido convocado por el mismo Dios para abandonar su hogar en Ur y lanzarse a nomadear en busca de una tierra que habrá de ser para su, de momento, inexistente descendencia, no para él. Ahora, tras las primeras peripecias, Abram pide alguna garantía y Dios empeña en ello su palabra. Dejar la casa paterna y aventurarse en busca de un lugar propio es una de las grandes metáforas de la vida espiritual. En el fondo, ese lugar es inexistente. Si te la tomas en serio, la búsqueda nunca tiene fin, pero tu experiencia podrá ser punto de encuentro y arranque para las generaciones futuras. Por eso, ni Abraham ni Moisés verían esa tierra que sus descendientes ocuparon. La única patria o matria posible es la continua exploración que te mantiene en la permanente insatisfacción. Ese mismo mensaje lanza el salmista que no deja de buscar el rostro de Dios sin hallarlo en ningún lugar mientras es irónicamente animado a esperar en él ¿se puede esperar en quien no ha sido hallado? Habrá que concluir que no lo ha encontrado en su plenitud, pero sí en pequeños vislumbres que le van guiando. Lo definitivo está más allá y Abram, como Moisés y los verdaderos creyentes, vive lanzado hacia el futuro encaramado a lo que va viviendo.

También Jesús se sitúa en esas coordenadas. Su vida es también una búsqueda continua que no le deja instalarse en ningún sitio. El relato de la Transfiguración no parece histórico en absoluto. Lucas entiende que en algún momento Jesús alcanzó la suficiente certeza para considerar que su permanente trashumancia estaba ya definitivamente orientada. Este episodio quiere mostrar esa certeza a sus amigos. Estos, al vencer el sueño, como Abram, entran en la dimensión en la que la comunicación con lo divino es posible. Allí, Moisés y Elías les presentan a Jesús como el enviado definitivo. Con ellos acamparían allí definitivamente porque se sentían ya en casa. Sin embargo, la intervención de Dios en forma de nube les llena de temor; hay que seguir y lo que viene no siempre será amable ni tendrá que ver con lo esperado. De ahí el silencio.

El futuro sigue abierto y Pablo nos invita a ser ya ciudadanos de ese porvenir. No podemos habitar esta realidad como un vecino más. La osadía de Jesús abrió un portal nuevo. No se trata de abandonar nada ni de aislarse en ningún sitio sino de vencer al sueño tal como hicieron Abram y los tres apóstoles y abrir los ojos para poder salir fuera de la matrix en la que se vive adorando al vientre y cada uno se gloría en sus vergüenzas. Pese a lo que pueda parecer Dios sigue presente en el mundo y la Transfiguración es el resultado de buscarlo. Es el adelanto de la decisiva transformación que tendrá lugar en ese futuro que no llega pero que podemos ir viviendo ya. Nuestros cuerpos serán glorificados, dice Pablo, pero no solo nuestros cuerpos; la realidad entera está llamada a experimentar esa conversión que va llegando poco a poco. Es obra de Dios que quiere darnos una tierra nueva y es obra nuestra que nos animamos a colaborar con él y gloriarnos en la misma gloria que Jesús. Somos guardianes, jardineros encargados de cultivar, abonar y arrancar; y somos también nómadas que abren caminos para que otros los recorran sin tener que empezar de cero. Pasado, presente y futuro van de la mano en nosotros. Si nos falla alguno seremos huérfanos que engendren a otros huérfanos. 

 


En permanente búsqueda. Transfiguratione (de la Red) 

 

 


 

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