sábado, 11 de julio de 2026

PARA VOLVER A CASA. Domingo XV Ordinario

12/07/2026 – Domingo XV T.O.

Para volver a casa

Is 55, 10-11

Sal 64, 10-14

Rm 8, 18-23

Mt 13, 1-23

Si quieres ver las lecturas pincha aquí 

Dios lo hace todo por nada, pero no para nada. El mundo judío tenía claro que todo se lo debía al creador,  pero quien es el origen gratuito de todo no da nada por perdido. En la tradición semítica Dios crea con su Palabra. Isaías nos asegura hoy que esa Palabra vuelve a su origen llevando consigo toda la riqueza que ha producido. 

La vida del ser humano es el mayor bien que Dios se propuso conseguir; ese es el encargo que hizo a su Palabra y esta hace vivir a mujeres y hombres concretos que recogen los frutos de la tierra fecunda. El salmista profundiza en la imagen de Dios como hortelano que fertiliza los campos y hace brotar la vida por doquier.

Jesús retoma la imagen del sembrador para ampliar la lista de los bienes. Jesús es la encarnación del Hijo, que es la Palabra. A todos los efectos, Jesús es la Palabra de Dios que continúa fertilizando la creación. Es a quien el Padre envió gratuitamente para hacer florecer lo mejor del ser humano. 

Ya no se trata solo de los cultivos y de lo necesario para el sustento, sino que es la humanidad misma la que está llamada a florecer y dar de sí. La parábola de hoy es en realidad una vista en detalle, una ampliación, del proceso de creación. 

En una primera aproximación, cada persona recibe la semilla que puede sacarle de su ensimismamiento. Es la fe. No la fe de creer, o no, en alguien invisible, sino la de confiar en que no estás solo y que la vida tiene sentido pese a que a veces cueste encontrarlo. El don de Dios es idéntico para todos; lo que cambia son las condiciones en las que esta Palabra se recibe. 

En un segundo acercamiento podremos ver que es en cada persona donde se encuentran los diferentes terrenos. Cada uno somos como somos; no todas nuestras dimensiones avanzan al unísono y tenemos momentos y tiempos diferentes. 

La misma semilla produce frutos diversos en cada uno; en unos de forma rápida, en otros se toma más tiempo; a veces parece que para unas cosas sí y para otras no. No es solo efecto de la semilla. Es la semilla y el terreno que encuentra.

Jesús habla con parábolas porque lo que quiere transmitir es diferente a lo conocido, pero parte de aquí. No todos lo comprenden, tal vez porque están esperando grandes discursos o revelaciones trascendentales que confirmen sus propias ideas. 

Por eso no descubren en las palabras de Jesús más que cuentos y no ven en él a nadie que ofrezca garantías ni que merezca la confianza de dejar la propia vida en sus manos. La fe no ha enraizado aún. Cuando lo haga se podrá dejar atrás lo aprendido para dar por bueno lo nuevo que viene pujando desde el interior. 

La creación entera está en este trance. Como nosotros mismos, también la tierra gime con dolores de parto porque está aguardando la manifestación de los hijos de Dios. Pablo quiere subrayar la profunda relación que existe entre la naturaleza y nosotros. 

Esta no puede acabar de alumbrar lo definitivo porque nosotros no terminamos de fiarnos y vivimos aún presos de la costumbre, dejando que múltiples cauciones lastren nuestro vivir. Gemimos por alcanzar la adopción filial y solo cuando podamos manifestarla, liberaremos a la madre tierra de su sufrimiento. Estamos en una comunión frágil que Dios espera que profundicemos. 

No estamos llamados a  dar solo frutos espirituales, también corporales. La tierra fue creada para nuestro soporte, pero nuestro florecimiento nos permitirá vivir en y con ella en una relación nueva que abarque a la totalidad del género humano sin distinciones ni primacías que contradigan el designio primigenio. Cuando esto se dé, será el momento de volver a casa llevando toda la vida que el don de Dios creó a través nuestro.  

 

Salió a sembrar...





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