sábado, 10 de octubre de 2026

UN DÍA ESPECIAL. Domingo XXVIII Ordinario

11/10/2026 – Domingo XXVIII Ordinario

Un día especial

Is 25, 6-10a

Sal 22, 1-6

Flp 4, 12-14. 19-20

Mt 22, 1-14

Si quieres ver las lecturas pincha aquí 

Aquel día no será cualquier día. Será el día definitivo en el que Dios se haga presente con un festín para todos los pueblos, apartando el velo que les cubre a todos ellos. Ya no habrá motivo para considerar extranjero a nadie pues la división entre unos y otro no tendrá ya ningún sentido. 

Además, dejará sin poder alguno a la muerte y enjugará las lágrimas de todos los rostros y el oprobio de su pueblo será finalmente alejado. Ese día el pueblo mismo podrá ver que la prometida y tan esperada salvación ha llegado junto a la de todos los demás pueblos, porque todos estamos invitados al banquete sobre el monte, donde cualquier restricción queda muy lejos. 

El salmista nos trae, en realidad, un momento anterior pues el autor se reconoce aún distinto de sus enemigos, pero toda la esperanza que él profesa de forma particular para Israel puede, a la luz de Isaías, leerse también en clave universalista. Cualquier persona puede dejarse guiar por el Señor en la espera de habitar en su casa por años sin término.

Jesús sigue la tradición de Isaías y cuenta una parábola para que quede claro que todos están invitados a la boda, que es la fiesta por antonomasia. 

Es cierto que los primeros invitados son gente pudiente; la que uno esperaría encontrar en un banquete real. Conocen al rey y están en relación con él, pero en esta ocasión no les viene bien presentarse. Todos están liados con sus cosas y, simplemente, no acuden a la fiesta. No solo dejan al rey plantado, sino que también maltratan e incluso asesinan a sus mensajeros. 

Por todo esto el rey monta en cólera y decide terminar con ellos, método muy propio de los monarcas del momento. 

Lo que vino luego ya no era tan corriente. Mandó a otros mensajeros a los cruces de los caminos donde se juntaban gentes de toda condición que por cualquier motivo quedaban allí bloqueados sin saber por dónde continuar. 

Lo que el rey no quiere es que se desperdicien las viandas de la fiesta. Los dones de Dios no pueden caer en saco roto; no porque vayan a estropearse sino porque ellos mismos buscan siempre donde encarnarse. Son bienes activos y vitalizadores. No caen en el olvido o la inactividad  porque su propia forma de ser es difusiva y productiva. Son vida entregándose que es captada por todo aquél que está atento. Poco importa que sea de los que la sociedad deja amontonados en los cruces y no encuentran salida ni rumbo. 

Hay que ser, eso sí, sincero y estar dispuesto a transformarte desde el interior. El don de Dios no es magia que lo transforme todo sin más, sino que requiere cooperación. Precisa que tengas ganas de cambiar; que dejes de ver lo que te llevó al cruce como un motivo de condena que allí te apresó y que vistas un traje e fiesta que sea sincero; que surja desde tu interior.

Como dice Pablo, hay que saber vivir acomodándose a la situación. No dejarse esclavizar por la hartura ni desesperarse ante el hambre, sino que en todo momento se tenga claro qué es lo fundamental y que las victorias no son solo nuestras, sino que son vividas en aquel que nos conforta. 

Pablo es, también, agradecido con quienes le han ayudado en su tribulación y promete que Dios estará atento para recompensarles con magnificencia en la riqueza de Cristo. Así llama él a ese olvidarse de sí mismo por el que Jesús llegó a conocer a Dios cara a cara. 

Atrevámonos a creer que también a nosotros mismos se nos presentará en la medida en que estemos atentos para acercarnos a las gentes de las encrucijadas y ayudarles a ponerse el traje de fiesta.

En el fondo, cualquier día puede ser ese gran día en el que recibas la invitación y la cosa, posiblemente, esté en que no llegues solo a la fiesta sino en que te atrevas a ser llamada para quienes no pueden encontrar el camino.

 

Francisco de Goya, Parábola de los convidados a la boda (ca. 1796-97)

 

 


 

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