sábado, 26 de marzo de 2022

SUPERANDO LA ADOLESCENCIA. Domingo IV Cuaresma.

 27/03/2022

Superando la adolescencia.

Domingo IV Cuaresma.

Jos 5, 9a. 10-12

Sal 33, 2-7

2 Cor 5, 17-21

Lc 15, 1-3. 11-32

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Dios cuida de su pueblo, pero no lo mima hasta inutilizarlo. Es un buen padre que pretende empoderar a sus hijos, no tenerlos sujetos a sus faldas. Por eso, cuando pueden volver a comer los frutos de la tierra cesa el maná. Y se reedita así aquella relación primera entre el hombre y la tierra en la que uno cuida de la otra y viceversa. La una podría vivir sin el otro, pero asilvestradamente, en su doble posibilidad de selva o erial. El ser humano, sin embargo, no podría vivir sin la tierra por eso está llamado a hacer de ella un jardín en el que todos tengan cabida. Y lo hace con su trabajo, con aquello que le da sentido. Lo propio del hombre y de la mujer es transformar el mundo para que pueda ser un sitio habitable por todos. Por eso, tras la liberación y el desierto llega el trabajo, no la dependencia que sería una nueva esclavitud y Dios no quiere esclavos. Quiere hijos autónomos y trabajadores.

Algo hemos avanzado desde el Génesis, aunque sólo sea en autonomía, porque allí Caín contestaba con evasivas a la pregunta de Dios acerca de su hermano mientras que el hijo mayor de la parábola es capaz de encararse al Padre y exigirle respuestas exponiendo un criterio objetivo: este mal hijo tuyo se lo ha gastado todo en hacer justo lo contrario a trabajar y hacerse hombre; ha derrochado todo el capital y ha traicionado a a su familia, a la Ley; no merece una fiesta de bienvenida. Algo se ha avanzado, sí, pero no lo suficiente todavía. A lo que se ha adelantado en independencia le falta aún que se le añadan muchos logros en fraternidad. Lo importante, reconoce el Padre, es que éste estaba perdido pero ha vuelto a casa. Y nadie dice que tras la fiesta no vaya a tener que trabajar como hacía antes y como nunca dejó de hacerlo su hermano mayor. El hijo pequeño ha descubierto por sí mismo que la falta de trabajo, de objetivo, de raíces, de sentido lleva al embrutecimiento. Pero aún le mueve el hambre y le pesa demasiado el miedo. Por eso la acogida del Padre le descoloca, pero para poder cantar la canción del salmista necesitará todavía retornar a esa relación original que su hermano mayor tampoco entiende aún porque la vive como imposición y amenaza, porque espera heredar algún día, cuando falte el Padre que ahora fiscaliza todos sus esfuerzos. Mientras tanto, lo va almacenando todo en una alcancía que pueda presentar como aval en el momento definitivo y no se atreve a gozar de lo que ya es suyo, ni de los bienes que el Padre le daría si él se animase a cogerlos, ni de la sincera compañía que le ofrece pero él interpreta como vigilancia.

Los hijos siguen aún en una adolescencia a la que le falta reconocer no sólo el propio mérito sino cultivar la autocrítica y el aprecio por el esfuerzo ajeno. El Padre, por su parte, por medio de su Palabra y de quienes han creído en ella, exhorta continuamente a la reconciliación. Reconciliarse es pacificar las relaciones que mantenemos entre todos nosotros, con la naturaleza, el mundo en construcción, y con Dios mismo que no lleva cuentas del delito ni de las culpas. Todo eso está ya superado en la persona de Jesús el Cristo que restañó todas las heridas precisamente desde la inocencia, revelando la verdadera naturaleza de Dios y la del ser humano. Asociándonos a su práctica y adhiriéndonos a su persona todos somos por él justificados; superamos la adolescencia que tanto nos pesa aún.


Superando la adolescencia.


Imagen: Francis Robles (2010). Fragmento del mural de la capilla Teshuvá. Monasterio de la reconciliación. Becerril de los Campos (Palencia)

sábado, 19 de marzo de 2022

PARA TODOS. Domingo III Cuaresma

 20/03/2022

Para todos.

Domingo III Cuaresma.

Ex 3, 1-8a. 13-15

Sal 102, 1-4. 6-8. 11

1Cor 10, 1-6. 10-12

Lc 13, 1-9

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Como ya sabemos, era habitual en la mentalidad judía del siglo I percibir los hechos cotidianos como premio o castigo de Dios. Por eso, no serían pocos quienes pensasen que la ejecución de aquellos galileos por parte de Pilatos se correspondía con algo que Dios quisiese castigar, porque el creador se valía de cualquiera para aplicar su justicia. También los fallecidos a causa del derrumbe de la torre de Siloé tendrían culpas que mereciesen ese final. Hoy en día ese planteamiento no tiene cabida en nuestra comprensión del mundo. Esos hechos pueden explicarse como una tropelía de Pilatos o como el resultado de la negligencia del constructor. En ambos casos la responsabilidad es solamente humana. Dios tiene poco peso en todo esto. Dios es, simplemente, el que es. Y en su ser no está el castigar todos nuestros desaguisados sino el dar de sí mismo todo cuanto es: Dios es.

Mala noticia para quienes viven todavía pendientes de premios y recompensas. Dios es; cuida, acompaña, inspira, sufre contigo… no vive al acecho pendiente de lo que hagas bien o mal. Dios confía en ti; cree en ti. Por eso le dice a la razón que se puede esperar todavía un año más. Penar que Dios quiere arrancar la higuera improductiva no es tener mentalidad judía, ni canonista… es tener una mentalidad propia del siglo I. En aquella sociedad organizada a partir de valores religiosos podía ser normal ver a Dios o a Zeus, o Júpiter o a cualquier otro,  como el dueño de la viña, pero a día de hoy habrá que pensar más bien que es la razón o el rendimiento económico el que juzga quién es digno de ser tenido en cuenta y quién no. Jesús es aquél que sigue hablando en nombre de Dios. Es Dios mismo hablando con lengua humana. Y dice hoy a esa razón utilitarista que todos pueden dar fruto y colaborar desde sí mismos, con su propia originalidad, según  su propio ser. Tal como Dios es, cada uno de nosotros estamos llamados a ser. Si todos fuéramos lo que en esencia somos sería mucho más sencilla la construcción del Reino. Si todos olvidáramos la imagen que queremos proyectar y simplemente fuéramos; si no viviéramos pendientes del beneficio; si no colaboráramos a extender irreflexivamente bulos y noticias; si respetáramos las diferencias de cada uno; si nos atreviéramos a salir de la fila; si supiéramos agradecer mucho mejor que recibir halagos; si nos parásemos a oler las flores y a sentir la brisa en el bochorno del verano; si escuchásemos más y no habláramos tanto; si no diseñáramos nuestro proyecto vital hasta el último detalle y viviésemos la vida que se nos regala; si aceptásemos a todos en vez de intentar moldearlos según nos convenga…

Si sólo fuéramos lo mejor que podemos ser podríamos comprender el mensaje del salmo. Porque intentando ser como Dios es descubrimos nuestra pequeñez y su grandeza y percibimos cómo cuida de todos y hace justicia defendiendo al oprimido. Pero cuidado, nos avisa Pablo. Incluso entonces podemos confiarnos y volver a pretender ser lo que no somos; lo que la razón utilitarista nos dice que deberíamos ser. Ya les pasó a muchos antes que a nosotros y su experiencia puede servirnos de aviso porque lo cierto es que es muy fácil despistarse, sobre todo ahora, en la última de las edades. Pero tampoco ahora se dedica Dios a fiscalizar nuestras acciones y corazones.  Él es y su ser es darse para todos.


Para todos


sábado, 12 de marzo de 2022

LA SORPRESA. Domingo II Cuaresma

13/03/2022

La sorpresa.

Domingo II Cuaresma

Gn 15, 5-12. 17-18

Sal 26, 1.7-9c. 13-14

Flp 3, 17 – 4, 1

Lc 9, 28b-36

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En ocasiones la vida te toma por sorpresa, como les ocurrió a aquellos tres discípulos, a Abram y al furibundo Pablo en mitad de aquella inicial persecución de nazarenos idólatras. Todos alguna vez nos hemos quedado extasiados contemplando las estrellas en una noche campestre. Para Abram el universo, el mundo entero, era una promesa que vivió de forma personal. El Dios autor de la vida, protagonista de los grandes relatos que se contaban de noche en las hogueras de las caravanas, se había acercado a él rompiendo el enclaustramiento al que se le había sometido en los templos de las ciudades. Vivió todo el universo como un regalo personal y se supo preferido y elegido entre los demás. Los discípulos, por su parte, vieron manifestarse frente a sí toda la historia y la tradición de su pueblo: Moisés, el gran legislador y libertador y Elías, el gran profeta arrebatado y destinado a retornar para guiar al pueblo. Según su visión del mundo no podía haber nada ni nadie que pudiera igualárseles y, sin embargo, ahí estaba Jesús departiendo con ambos. Dicen algunos intérpretes de la Escritura que posiblemente este pasaje sea una elaboración post pascual para buscarle un sentido a la muerte de Jesús, de la que hablan los tres. Da igual. El mensaje estaba claro para cualquier judío que lo leyese: Jesús era el que había de venir de parte de Dios; era el esperado.

Cuando menos te lo esperas, la vida, Dios mismo, te toma al asalto. Te deja en el mismo sitio, pero con una percepción completamente diferente de la que tenías hasta entonces. Después de que eso haya ocurrido ya no eres el mismo, pero sigues siendo tú mismo; con toda tu historia, con todas tus limitaciones, con todas tus perfecciones… Tú, habitado. Y esto es sólo el principio de una novedad radical que tiene que ir concretándose. Tiene que explicitarse para que pueda ser comprendido por todos los demás. El autor de este pasaje del Génesis coloca a continuación la firma de la Alianza porque aquel encuentro fue personal pero no exclusivista. Lucas nos habla de la intención de Pedro de quedarse allí, en la santa babia. Por eso coloca a Dios irrumpiendo en escena siguiendo los cánones de las apariciones divinas tradicionales de forma que no quede duda de que deben escuchar a Jesús que nunca invitó, precisamente, a quedarse estancado. El amor personal de Dios es para todos, para el pueblo de la Alianza y para todos los que se dejan interpelar por Jesús.

Lo que el Génesis y Lucas cuentan narrativamente lo dice Pablo según su propio esquema lógico. Por eso se ofrece él mismo como modelo y nos pide a todos, a través de los filipenses, que sigamos su ejemplo; que acojamos la revelación y nos dejemos guiar en nuestro desconcertante descubrimiento. No en vano, dice, somos ciudadanos del cielo. Nuestra raíz nos une a una realidad mucho más amplia que la que conocemos, pero no es extraña a ella. El cielo del que habla Pablo surge a partir de la transformación a imagen de Cristo, pero aquí y para aquí. La promesa de Abraham se materializó en este mismo mundo y la invitación de Jesús para bajar de la montaña cobra sentido a partir de nuestro esfuerzo por continuar la construcción ya iniciada del Reino. Transformarse a imagen de Cristo es ponerse a disposición del ser humano con la convicción de que Dios nunca nos dejará solos. Esa es la esperanza activa que hoy evoca y cultiva el salmista. Es una sorpresa sin fin.


La sorpresa


sábado, 5 de marzo de 2022

SENTIDO Y ESPERANZA. Domingo I Cuaresma

 06/03/2022

Sentido y Esperanza

Domingo I Cuaresma

Dt 26, 4-10

Sal 90, 1-2. 10-15

Rm 10, 8-13

Lc 4, 1-13

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Tal vez el autor deuteronomista pueda ayudarnos hoy. Si recordamos todo lo que el Señor ha hecho con nosotros durante toda nuestra historia podremos ver que su trascendencia no es una barrera sino una garantía de imparcialidad. Está más allá de nuestras querencias y simpatías. Se entrega a todos. Por eso, cualquier intento de apropiárselo es falso. No favorece a unos contra otros, sino que sostiene a los más débiles para que los agresores no les roben la esperanza definitiva. Su imparcialidad no es equidistante; sostiene a la víctima sin odiar al victimario. Esto es de gran importancia hoy.

Nadie hay que crea en el Señor que vaya a quedar defraudado, nos dice Pablo. Pero esa invocación debe responder a un impulso sincero del corazón y resulta a todas luces evidente que no se puede rogar a Dios por delante mientras por detrás se van dando mazazos a diestro y siniestro. Nadie hay que invoque su nombre y no se salve, nos dice también. La salvación ha sido un concepto muy manoseado. Ha sido la gran esperanza y también la gran excusa para imponer la diferencia entre unos y otros, entre griegos y judíos. Confesar la fe en Jesús es mantenerla en pie pese a lo dañino y perverso de la situación en la que nos encontremos. Para quienes este acto no sea una afirmación burguesa y despreocupada sino que se encarne en la realidad, por descarnada que esta sea, constituirá una afirmación de sentido y ese sentido es el que salva de la desesperanza. Rescatar a la salvación de sus coordenadas extramundanas y situarla en lo concreto de cada momento es dotar a la vida de sentido y una vida con sentido siempre merece la pena, incluso las que se viven en el peor escenario posible. De esto han dado testimonio miles de víctimas a lo largo de la historia antigua y reciente en los cuatro rincones del mundo.

Para que la profesión de los labios sea sincera debe estar en consonancia con la fe del corazón que se transparenta en nuestra cotidianidad. Pero, como el mismo Jesús experimentó, ésta no es una batalla que se gane de una vez para siempre. En su corazón moraba la certeza de que a todo lo necesario para la vida debía tenerse acceso en grado proporcionado, para que alcance a todos; tenía también claro que el poder y la riqueza alejan de Dios convirtiendo cualquier cosa en un ídolo y que Dios no va a venir a detener tu caída con la espectacularidad que a veces demandamos como prueba; si te dejas caer, te dejas caer. También hoy nosotros deberíamos tener claro que todas las víctimas tienen derecho a lo necesario por encima de su nacionalidad, de sus papeles, de sus creencias o de cualquier otra cosa; y que nuestra necesidad no es excusa para desatender la suya. Deberíamos saber también que cualquier ideal, bandera o religión pueden transformarse en un ídolo insaciable. Y, finalmente, que si nos empeñamos en dejarnos caer en el hoyo de la inhumanidad no vendrán los ángeles a cuidarnos. Quien sí estará presente, como lo está desde siempre, será Dios mismo para velar por los damnificados que nuestra ceguera produce y sostener a todos aquellos que confiando en él mantienen la esperanza y el sentido; mantienen su compromiso en la lucha sin odio por la justicia y la verdad sin soltar la mano de quienes les han sido confiados. Son éstos quienes, conservando el sentido, verán reflejados en el salmo su propia experiencia vital.


Sentido y Esperanza. Ramón Espinosa (2010)



sábado, 26 de febrero de 2022

DE DENTRO AFUERA. Domingo VIII Ordinario.

27/02/22

De dentro afuera

Domingo VIII T.O.

Eclo 27, 4-7

Sal 91, 2-3. 13-16

1 Cor 15, 54-58

Lc 6, 39-45

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Cada uno carga con la viga que su propio corazón coloca en sus ojos. Todos estamos convencidos de ver el mundo tal como es, sin asomo alguno de duda. Pensamos que conocemos según vemos, pero no es así sino que, en realidad, vemos según conocemos. Conocer implica siempre un encuentro y exige un acercamiento. Y de este movimiento surge el modo en que vemos, valoramos, la realidad y todo lo que contiene. No nos acercamos a las cosas a pecho descubierto sino que lo hacemos mediatizados por la comprensión que, desde diferentes confluencias, nos vamos forjando de la realidad. Esta comprensión nos sirve de guía y de intérprete por eso nos cuesta tanto desprendernos de ella.

Como estamos convencidos de nuestra razón nos sorprende que los demás no caigan rendidos ante ella. Esto es sólo un fallo de enfoque. Existen tantas perspectivas como personas y es difícil llegar con facilidad a un consenso. Pero, además, las lecturas de hoy nos dicen que existe gente mala. Son aquellos que quieren imponer su visión a los demás. Jesús les llama hipócritas con todas las letras. Al hablar sus palabras les traicionan. Si sólo tuviésemos la primera lectura esta reflexión podría llamarse “elogio de la conversación”. Estamos allí ante la percepción filosófica de la verdad que, en el conjunto del libro, se pondrá en conexión con la duda existencial, con la sabiduría, con el reconocimiento de la intervención de Dios en la historia y con la exigencia de justicia. Jesús da un paso más y afirma que cada uno saca de sí aquello que lleva dentro. Porque hablar, para Dios, es crear desde sí mismo y para nosotros, sustentar nuestra propia acción; dar razón de lo que somos y hacemos; darnos sentido. Es la intención del ser humano la que aflora en la palabra y, sobre todo, en la acción de cada uno. Así, la palabra y la acción muestran la intención. Y la intención revela lo dañada o sana que está la naturaleza de quien la proclama o realiza.

No creo que Jesús afirmase rotundamente que existe gente mala. Pero sí que existen personas heridas en lo más hondo. Normalmente, todos nos empeñamos en mantener esa palabra, esa perspectiva, ese modo de hacer las cosas. Nos hace falta caer en la cuenta de que sólo el bien puede absorber el mal. Estos dos no son una dualidad irresoluble. El mal será vencido cuando las relaciones sociales se transformen según los criterios de Jesús, que nunca lo utilizó como respuesta ni como provocación. Así nos lo dice Pablo. El pecado es el mal producido a los demás. Punto. Es el daño que hacemos buscando nuestro beneficio y amparándonos en la fuerza e la ley; de la lógica humana de acción y reacción. Frente a eso sólo nos queda la respuesta activa y no violenta de Jesús: acepta los riesgos; denuncia y condena con la intención de sanar; interviene proporcionadamente buscando evitar el mal que daña a los inocentes… Silencia tu odio y ora. Dios es amor que habita en ti. No intervendrá milagrosamente desde algún cielo para responder cadenas de oración porque no está ahí arriba esperándolas. Vivimos a la intemperie pero podemos asociarnos con muchos otros  desde nuestro amoroso centro divino y desde ahí exigir justicia como Ben Sirá en el Eclesiástico, como Pablo en sus cartas y como Jesús durante su vida para que todos puedan llegar a gozar en persona la esperanza del salmista.

 

De dentro afuera

 

Por todos los inocentes

sábado, 19 de febrero de 2022

ENTRENANDO. Domingo VII Ordinario.

 20/02/2022

Entrenando

Domingo VII Ordinario

1 Sm 26, 2. 7-9. 12-13. 22-23

Sal 102, 1-4. 8. 10. 12-13

1 Cor 15, 45-49

Lc 6, 27-38

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Leíamos la semana pasada el pasaje de las Bienaventuranzas, celebrando la claridad de Jesús. También aquí es claro: sed compasivos. Como ya sabemos, los autores del Nuevo Testamento escribieron en griego y la palabra que aquí usa Lucas para hablar de compasión es oiktirmós, que hace referencia a una compasión visceral que surge desde las entrañas, muy en consonancia con la expresión hebrea rahamim, que nos haba de las entrañas maternales de Dios. A Dios la compasión le brota desde lo más profundo. Jesús nos dice que busquemos en nuestro fondo más íntimo. En la profundidad más estilizada que solemos llamar alma o corazón o esencia o interioridad, pero también, como insiste el Antiguo Testamento, en ese fondo físico, mucho menos lustroso, que identificamos con órganos, vísceras, tripas o asaduras.

La misericordia surge desde la profundidad de la naturaleza humana, tal como lo hace desde la divina, y desde allí va desarrollándose. Afirma Pablo que lo primero es lo animal, lo terreno, y después surge lo espiritual que él considera mucho más elevado. Así pues, lo terreno, la animalidad no es mala; es el punto de partida, la condición de posibilidad. El autor del libro de Samuel nos presenta un episodio que claramente evidencia la superación de la escala animal: pese a tener ocasión, David renuncia a matar a su enemigo por respeto a una justicia que él considera, como Pablo, superior. Jesús se sitúa en la misma línea davídica. No sólo hay que procurar el bien, sino que hay que evitar el mal. Pero esto no es automático. Se entrena, se trabaja. Y para desarrollar esa capacidad nos ofrece “ejercicios” concretos que fomenten el hábito de no responder cruentamente. No nos pide que nos transformemos primero en seres de luz para comenzar entonces a ser buenos, sino que nos muestra cómo, siendo buenos, podremos vencer finalmente el impulso más irracional que responde a la violencia con más violencia. Esta actitud conlleva esfuerzo y ese esfuerzo es mérito que nos coloca en otra posición: nos abre las puertas a una nueva percepción de la realidad, de Dios, de los demás y de nosotros mismos. Desarrollando esa nueva percepción nuestro hábito terminará siendo virtud; seremos virtuosos. No al final, sino durante el esfuerzo.

Nuestro premio estará entonces en conocer el mundo tal como Dios lo conoce, aunque sea de poco en poco cada vez. Y Dios conoce el mundo tal como realmente es porque nada escapa a su juicio, a su opinión, a su valoración y su juicio es misericordioso, como nos recuerda el salmista. Amar al enemigo es imposible sin compartir el juicio, la perspectiva, el acto mismo de Dios. Es sintonizar nuestra entraña, nuestras vísceras y corazón en la misma onda que Dios. Ya no tiene sentido actuar esperando un premio. Jesús propone que actuemos desde nuestra igualdad esencial con todos y eso no sirve tan sólo para exigir nuestros derechos sino, sobre todo, para respetar y luchar por los de los demás. Por eso es posible amar al prójimo como uno mismo y esperar que puedan entenderse el amor al enemigo y la entrega gratuita de uno mismo. Las promesas finales de Jesús no son un mero consuelo, sino su promesa personal de que el camino que propone puede liberarnos de cualquier atadura,  corporal o espiritual, para abrirnos al amor universalizado.


Entrenando


sábado, 12 de febrero de 2022

ENRAIZARSE JUNTO AL MANANTIAL. Domingo VI Ordinario

 13/02/2022

Enraizarse junto al manantial

Domingo VI T.O.

Jer 17, 5-8

Sal 1, 1-4. 6

1 Cor 15, 12. 16-20

Lc 6, 17. 20-26

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Jesús se muestra aquí especialmente concreto y no deja ninguna duda sobre a quienes está llamando felices. Donde sí caben las dudas es en las razones de la alegría que predica. Además, el conjunto de las lecturas invita a pensar en que la promesa de reparación por el daño sufrido va a demorarse sine die. Así podría argumentarse si tomamos al pie de la letra la poética lectura de Jeremías llamando a confiar en el Señor por encima de todo. También el salmista insiste en este punto y el pasaje de la carta de Pablo parece remitir a la existencia futura como el ámbito en el que todo se solucionará, presentando la resurrección de Jesús como garantía de restauración definitiva. El evangelio, por su parte, alude nuevamente al futuro sin acotación alguna que permita intuir cuándo ni cómo se cumplirá tal promesa dejando, además,  en pie la misma imprecisión para quienes por ahora escapan a la necesidad. Esta interpretación es propia de una cruel imagen de Dios que le concibe como un ser que permite un sufrimiento real pero transitorio garantizando que lo importante es la bienaventuranza eterna.

Sin embargo, podemos afirmar, viendo en su conjunto la trayectoria y las palabras de Jesús, que él nunca ha defendido el sufrimiento ni el dolor. Todo lo contrario. Su fama de taumaturgo y curandero le viene, precisamente, de procurar la sanación para muchos con los que se encontraba. Esta gratuita sacralización del hambre, la sed, la pobreza y la incomprensión no tienen ningún sentido en él. Tengo para mí que es ésta última, la incomprensión, la que nos puede dar la clave de todo.

Incomprensión es la cara visible de la cerrazón en el mal. Quien mantiene en beneficio propio estructuras malignas que dañan a otros, porque en eso consiste el mal, ni comprende ni consiente que sus acciones sean criticadas o contestadas en modo alguno y la respuesta que valoran como más eficaz es un buen ataque. En el polo opuesto, quien denuncia las situaciones injustas está auto-condenándose a cargar con esas represalias y terminará sufriendo con los que lloran y pasan hambre o sed. El mal gratuito ni trae la felicidad, ni es querido por Dios. Sin embargo, la felicidad que produce la realización de una acción congruente con la propia fe es capaz de aceptar el mal que le sobreviene como consecuencia sin verse empañada por ello. Jesús ha bajado de la montaña al llano para hablar el lenguaje del hijo del hombre. Dios ha escapado del refugio místico en el que le recluimos y se hace uno como nosotros. De primera mano conoce el sufrimiento de los suyos y promete un sentido para la vida de todos los que no se olvidan de los últimos a la vez que amonesta a quienes han edificado su vida sobre tanta pasión. Son aquellos quienes han resucitado ya con Jesús y han entrado en una nueva forma de comprender el mundo, de concebir la historia y de relacionarse con Dios y con los demás. Son ellos los árboles que se enraízan junto al manantial y confían en el Señor. Son quienes ponen vida a la esperanza cristiana que no está reservada para una vida ultraterrena, sino que se empieza a vivir ya aquí, aunque todavía no en forma plena. Y es una esperanza abierta a todos; también a quienes no comprenden que esta nueva felicidad sea superior a la comodidad y seguridad que ellos entronizan. El cambio es tan sencillo como complicado.


Enraizarse junto al manantial


viernes, 4 de febrero de 2022

EL MÉTODO JESÚS. Domingo V Ordinario.

 06/02/2022

El método Jesús

Domingo V T.O.

Is 6, 1-2a. 3-8

Sal 137

1 Cor 15, 1-11

Lc 5, 1-11

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A Isaías le llegó la vocación profética en medio de una visión de ángeles que purificaron su boca a fin de disponerle para la labor que Dios tenía pensado encomendarle. Es una imagen que expresa que el profeta no va a hablar con sus propias palabras, sino que acoge como propio el mensaje que Dios le propone transmitir. Por eso, cuando el propio Dios pregunta a quién podría enviar, él se ofrece instantáneamente. Es una decisión libre que podría explicarse con las palabras del salmo. No fue escrito por Isaías, ni siquiera pertenece a una época cercana, sino que, posiblemente, el profeta era deudor de lo que había leído en éste y otros salmos. Interpreta el mundo según esa tradición y valora y agradece que Dios no se detenga frente a su pobreza, el pecado, sino que, muy al contrario, pasa por encima de ello y lo purifica, lo perdona, restañando en sus labios cualquier herida de su alma porque es precisamente la palabra la que expresa la calidad de corazón. Por eso Isaías permanece en su visión cantando, como el salmista, y se ofrece voluntario porque ya no queda nada en su profundidad que le impida dar el paso mismo de Dios: negarse a sí mismo y salir al exterior. En eso consiste la trascendencia; en salir de uno mismo para encontrarse con el mundo, en un primer momento, con los otros en el segundo y, finalmente, con Dios a quien se descubre impulsando y acogiendo en un mismo dinamismo.

Jesús se comporta de modo similar con Pedro. Primero se distancia con él y sus amigos para hacer visible para todos tanto la distancia como el camino a recorrer y luego les lleva a ellos mucho más allá que a los demás para mostrarles que con él pueden pescar más, o implemente pescar, porque la ciencia de Pedro y sus compañeros no se había mostrado muy efectiva. Así, una vez que Pedro ha reconocido que su autosuficiencia no le lleva a ningún sitio, Jesús le hace también su propio encargo. Ser pescador de hombres es mostrarle al mundo que el “Método Jesús” es más positivo y eficaz para todos. No consiste en adoctrinar ni en reclutar sino en transmitir que saliendo al exterior somos más fieles a la semilla que albergamos que anclándonos inamovibles en el mismo sitio de siempre. Y para eso no sólo sirve Pedro, sino todos nosotros.

Pablo insistirá en la absoluta trascendencia que va implícita en la vocación cristiana que ya percibió, como Isaías, según su propia experiencia: “por la gracia de Dios soy lo que soy y su gracia para conmigo no se ha frustrado en mi”. Estamos llamados a la trascendencia absoluta, a la misma resurrección de Cristo. De alguna manera, estamos ya resucitados en la medida en que optamos por un estilo de vida que apuesta por la vida y lleva en sí mismo una promesa de infinitud. Así podemos intuirlo en el testimonio de tantas vidas que nos han dejado ya. En su trascendencia personal para acercarse a todo y a todos, incluidos nosotros mismos, dieron rienda suelta, como los testigos que ya murieron de los que habla Pablo, al impulso que la gracia insuflaba en ellos y construyeron una porción en absoluto pequeña del Reino de Dios. Con su partida dejaron en nosotros un hueco que estamos llamados a transformar  en ofrenda personal para todos los demás y convertir su ausencia en posibilidad, en semilla de una nueva realidad, del Reino.


El método Jesús

Para Oscar, Charo, Alicia, Noelia y familia.
Para Juan, Isabel y familia.
Para Marta y familia.

sábado, 29 de enero de 2022

TODOS PROFETAS. Domingo IV Ordinario.

30/01/2022

Todos profetas.

Domingo IV Ordinario.

Jer 1, 4-5. 17-19

Sal 70, 1-4ª. 5-6ab. 15ab. 17

1 Cor 12, 31 - 13, 13

Lc 4, 21-30

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Concluimos hoy la lectura del episodio en la sinagoga de Nazaret en el que la semana pasada dejábamos a Jesús en olor de multitudes. Sin embargo, ahora todo se tuerce y le vemos en apuros, y aunque los exegetas discuten por la traducción, tomaremos el texto tal como aparece en nuestras versiones modernas, como los sencillos pueden leerlo: sus antiguos vecinos le conocen y se maravillan de sus palabras, pero Jesús adivina que su intención es que realice también en casa prodigios como los que saben que ha hecho ya en Cafarnaúm, a unos 50 kilómetros de allí. No era una distancia pequeña para la época, pero las noticias volaban anunciando que Jesús había obrado entre ellos grandes milagros. Imagínate la frustración de los nazarenos: para esa gente extraña Jesús hacía lo que se negaba a hacer aquí. Y tiene, además, el atrevimiento de recordarles que Elías y Eliseo, los grandes y legendarios profetas, sanaron, alimentaron y revivieron en territorio en extranjero, desoyendo la acuciante necesidad que tenían en el país. No sabemos muy bien si la ira se levanta contra él por su negación a contentarles, por comparase con aquellas grandes figuras, por poner por delante a los paganos o por todo ello a la vez, pero el hecho es que a punto está de terminar despeñado en un linchamiento. De la gloria al desastre en cero coma…, como se dice ahora.

Y, sin embargo, parece claro que Jesús compartía con Jeremías la convicción de haber sido elegido desde antes de la cuna y que, como el  profeta de Judea, tenía su confianza puesta en Dios. Del mismo modo, podría haber cantado las mismas palabras del salmista ¿Dónde estaba entonces el problema? Posiblemente en que aquellos nazarenos se consideraban los únicos merecedores de los verdaderos prodigios que Dios prometía para sus elegidos. Y la razón de ese mérito estaba en su convicción de cumplir lo mandado y en su pretensión de pertenecer al pueblo de la promesa, razonamiento este muy poderoso si tenemos en cuenta la historia de Galilea y el desprecio que hacia  ellos sentían “los puros” de Judea.  A Jesús, por el contrario, apoyándose en Elías y Eliseo, no parecían importarle esas cosas sino que insistía en que Dios amaba y liberaba gratuitamente… por ser Dios. Y él estaba allí para hacer realidad esa promesa divina y parece que realmente Dios estaba con él porque consigue, sin aparente intervención de nada ni nadie más, escabullirse de la turba.

Años después, Pablo lo subrayaría con su peculiar estilo: por muchas obras impresionantes que realice, no soy nada sin amor. Cuando era pequeño lo veía todo borroso, como en los turbios espejos de la época. Pero una vez que verdaderamente me uno al amor abandono las parcialidades propias de los reinos humanos: crezco; conozco como Dios mismo me conoce y no queda ya sitio para ninguna particularidad infantilizante. En ese momento, todos ingresamos en el orden de los profetas, de los que hablan y danzan desde el corazón de Dios, transmitiendo su palabra. Y fíjate que todo ese orden está llamado a desaparecer para que sólo permanezca el amor, Dios mismo, que viene gratis para todos. La confianza de la que ya hablaba Jeremías y que también Jesús comparte y la esperanza de llegar a conocer sin distorsiones como, en nuestra tradición, sólo Jesús conoció, están orientadas a esa práctica del amor, a esa identificación con Dios, que Jesús vivió en grado único. 

 

Todos profetas