sábado, 17 de mayo de 2025

GLORIA. Domingo V Pascua

18/05/2025 – Domingo V Pascua

Gloria

Hch 14, 21b-27

Sal 144, 8-13ab

Ap 21, 1-5a

Jn 13, 31-33a. 34-35

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Encontramos hoy a Bernabé y Pablo inmersos en su actividad misionera. Van de un lado a otro anunciando a quien ellos mismos han descubierto y proponiendo un modo nuevo de vida. Están empeñados en ello a pesar de las dificultades que no aparecen en este texto, pero que pueden verse en el conjunto del libro. Esas ciudades por las que pasan animando y exhortando a los discípulos no les dispensaron una buena acogida y les hicieron sufrir incluso físicamente. Sin embargo ellos vuelven, supongo que con precauciones que no se citan. Cuando hablan de todo lo que hay que pasar y proponen la perseverancia como actitud imprescindible no lo hacen a partir de la teoría o la sospecha. Podemos decir que son misioneros porque su comunidad les envió y para esa comunidad ahora son, además, testigos de que Dios abre la puerta a los paganos. Se acaban las fronteras. Quien se abre y acepta la oferta de Dios descubre un mundo nuevo que se inicia con su propia transformación. Ya no es el mismo, y eso se experimenta de forma indudable por la persona. El salmista nos cuenta cómo ha experimentado la bondad de Dios: con él ha sido clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad.

Por eso él, como Pablo y Bernabé y tantos otros, quieren que todos puedan entonar el mismo canto; que todos se hagan receptivos a esta bondad. Quien lo vive quiere contagiarlo a todos. Quiere que todos descubran cómo Dios los hace nuevos y cómo todo es nuevo con él. Cielos nuevos, tierra nueva, ciudad nueva que nunca podrá ser del todo construida por el ser humano; es don de Dios que baja del cielo. En ella no habrá llanto, ni muerte, ni luto, ni dolor. Cesará cualquier persecución o marginación pues los corazones se habrán transformado ya según el amor recibido.

Es el amor el encargo definitivo que Jesús nos deja. Es la señal por la que seremos conocidos como seguidores suyos. Por amor, Dios se hizo como uno de tantos y su vida humana fue una construcción en el amor. Jesús amó a todos sin concesiones. Puso siempre por delante de sí mismo al ser humano concreto más necesitado. Y en su fidelidad se granjeó unas cuantas enemistades porque el amor a los últimos pone siempre en cuestión a los primeros y sus privilegios. Pablo y Bernabé lo experimentaron en sí mismos y muchos otros después de ellos también. Es ahora cuando Jesús va a ser glorificado y esa afirmación contradice ampliamente la lógica del mundo. Y no sólo él, sino que Dios mismo va a recibir también gloria en él. Esto está lejos del absurdo que puede parecer a primera vista. Entendamos esa glorificación como reconocimiento de Dios en medio del sinsentido del mundo. Allí donde se impone el mal y el inocente sufre resplandece la honradez radical y extrema de quien no se pliega a la perversión que flota en el ambiente. Esa es la glorificación real que deja muy atrás el incienso y los capisayos y se erige como identificación, memoria y actualización de la propuesta sencilla pero absolutamente rompedora que Jesús nos entrega de parte del Padre. También Dios glorifica a Jesús por haber  puesto carne a su propia fidelidad sin reserva alguna. En Jesús Dios puede ser fiel al ser humano hasta la última consecuencia. Ahora toda la humanidad es puesta en canción: la música es el amor y la letra canta “Gloria” en todos los idiomas. Es el fin de las concesiones y los privilegios; es el comienzo de lo nuevo. 

 

La Nueva Jerusalén. Comentario al Apocalipsis del Beato de Liébana. Ilustración de Facundo para el Códice de Fernando I y doña Sancha (1047). Fº 253v

 

 

 


 

sábado, 10 de mayo de 2025

SEGÚN LA NECESIDAD. Domingo IV Pascua

11/05/2025 – Domingo IV Pascua

Según la necesidad

Hch 13, 14. 43-52

Sal 99, 2-3.5

Ap 7, 9. 14b-17

Jn 10, 27-30

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Abre la ventana y verás el exterior con más claridad. Hay todo un mundo ahí fuera. Asómate. Es mucho más de lo que parecía. Ahora, la otra ventana. La brisa circulará, refrescará y oxigenará tu hogar. Atrévete con la puerta. Así cualquiera podrá entrar y apreciar lo que la brisa ha hecho en casa. Es lo que era, pero es distinta y también tú has cambiado. Tu paisaje ya no se agota en los muros. A quien se acerque podrás ofrecerle sinceramente esa novedad. También tú puedes visitar otras casas y ver que en todas ellas la misma brisa ha obrado de forma diferente. Esta brisa es tan incontenible como inabarcable; es inagotable. Los judíos que Pablo y Bernabé encontraron en Antioquía pensaban que era suya y pretendían controlarla. Habían construido sus propias barreras y pensaban que la tenían dominada y se tenían por ello fieles a la gracia de Dios. Sin embargo, la gracia no es de dejarse encasillar, así que encontró el resquicio que le permitió salir y localizar a los gentiles que no se escondían tras ninguna tapia. Lo que ella quiere es ser productiva; fecundar. Pero no siempre es bien comprendida y muchas veces no puede más que dejar ir.

Muchos de aquellos judíos se colocaron en una posición extradiegética, en un plano ajeno a lo que se estaba viviendo en ese momento, porque lo que percibieron no casaba con lo que conocían. Otros, sin embargo, percibieron con claridad que eso nuevo provenía de quien, acampando entre ellos, saciaba el hambre y la sed y paliaba el bochorno. Era común en la época creer en una predestinación que no impedía el ejercicio del libre albedrío. Por eso los discípulos se sacudían el polvo de las sandalias. En realidad, tomar una opción u otra obedecía más a la posibilidad de descubrir la verdad de lo nuevo en la propia necesidad que a un caprichoso designio divino. Cuando alguien o algo remedia nuestra indigencia lo reconocemos como bueno y encontramos sentido en él, en ella o en ello. Quien está ya harto y satisfecho y vive en la seguridad autocomplaciente no podrá encontrar ese sentido en lo cotidiano, sino que tendrá que buscarlo fuera de plano. Vete a saber dónde y cómo, pero seguramente de forma extraña para quien se esfuerza en sobrevivir en un mundo que continuamente segrega a los perdedores. Lo que es cierto es que para entonar el salmo de hoy hace falta tener la confianza puesta en ese Señor al que se le reconoce como creador, cuidador, protector, pastor fiel que no dejará al pueblo desvalido. Y nos dice Juan que el número de quienes finalmente lo cantarán será incontable; una verdadera muchedumbre que ha superado la tribulación.

De entre todos los pastores que llegan y prometen acompañarnos en el camino solo podemos creer a aquel que realmente afronta el riesgo y comparte nuestro sufrimiento. Es su sangre la que blanquea nuestra túnica. Su angustia es transformadora porque tiene su origen en Dios padre, que le entregó el rebaño compuesto por todo aquel que no rechaza esa verdad sencilla y desnuda de lo cotidiano transfigurado. Dios no espera fuera de este mundo despiadado. Se hizo presente en medio de su pueblo y atrajo hacia sí a todos los que tenían razones para encontrarlo; por amor vivió con ellos en sus propias condiciones haciendo real la alternativa que proponía. Todavía hoy en día permanece aquí y aún ese cambio se acepta o no dependiendo de todo eso que en nuestra vida necesite ser sanado, y eso no quiere decir que vaya a ser fácil. 

 

Según la necesidad.

 

 


 

sábado, 3 de mayo de 2025

AL AIRE DE DIOS. Domingo III Pascua

04/05/2025 – Domingo III Pascua

Al aire de Dios

Hch 5, 27b-32. 40b-41

Sal 29, 2. 4-6. 11-12a. 13b

Ap 5, 11-14

Jn 21, 1-19

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Dicen los exégetas que este capítulo 21 se añadió al evangelio de Juan cuando ya estaba terminado para reafirmar la autoridad de Pedro. Según algunos, eso le resta valor hermenéutico, pero Dios hace las cosas a su aire. Aquella primera Pascua no fue fácil para nadie. Encontramos ahora a siete de los discípulos cerca del lago sin que nos quede claro si están ahí escondidos o a la espera de lo que pase. Después de las apariciones se han vuelto a casa y allí están. Pedro retorna a sus labores de pesca y los demás con él. La experiencia les ha convertido en grupo y así afrontan lo que viene, pero no se libran del fracaso. El sueño se ha terminado y nada va a ser sencillo. Que un desconocido les sugiera la simpleza de cambiar de lado podría tomarse como una burla o, cuando menos, como un chiste. Por eso, que le hagan caso solo puede entenderse como una rendición ante los hechos: “qué más dará un lado que otro”. Jesús les muestra que, en ocasiones, nos quedamos aferrados a nuestro modo de ver el mundo; a nuestra manera de hacer las cosas. Para los pueblos semitas colocarse a la derecha del padre, de la autoridad o de Dios era colocarse en el lado de la bendición. Era aceptar su propuesta y continuar en la misma línea. Todo cambia cuando dejas atrás la forma corriente en que el mundo afronta la realidad. Se ha discutido hasta la saciedad el significado de los 153 de peces y hay teorías para todos los gustos, lo dejaremos simplemente en que la diferencia entre una y otra perspectiva es verdaderamente grande. No es lo mismo afrontar lo que viene según Dios o según la costumbre habitual. Incluso la intencionalidad de un texto puede subsanarse.

Existen esas dos maneras de hacer las  cosas. Lo tuvieron claro los mismos apóstoles cuando ya tiempo después no se dejaron amilanar por las imposiciones de los sacerdotes y anunciaron la buena nueva pese a las consecuencias que todos imaginaban y que, efectivamente, aunque no lo cite nuestro fragmento de hoy, sufrieron. La diestra de Dios había exaltado definitivamente al inocente maltratado y él era el primero de muchos otros. Dios bendecirá a todos aquellos que se coloquen en la misma posición. Más allá de lo evidente, lo decisivo se encuentra en ese bien-decir de Dios que coloca a los últimos por delante de todo lo demás. Jesús preguntó a Pedro tres veces si le amaba, no porque necesitase comprobarlo o porque exigiera con ello reparación, sino porque era el mismo Pedro, preso aún de esa forma terrena de ver y ser, quien necesitaba liberarse.

Es después de este paso decisivo cuando se puede entonar el canto del salmista y reconocer que el Espíritu está con nosotros. La cita del Apocalipsis confirma este mismo descubrimiento rubricándolo con un Amén. Amén es la confianza absoluta en aquello o en quien se tiene por verdadero. Vivimos permanentemente expuestos a la derrota y a la pérdida pero en nuestro fuero más interno sabemos no todo termina en estos finales que se nos imponen lapidariamente. Cualquier desenlace, ya sea repentino o esperado, que, según este mundo nos alcanza como definitivo, no pasa de transitorio si atendemos a esa confianza en quien nos ha librado ya del criterio de este mundo y al destino que de él esperamos. Es por eso por lo que frente a la brutalidad de lo visible solo caben, en primer lugar, la manifestación de la terca esperanza que ni aturde ni asusta, sino que espolea y, en segundo lugar, el ejercicio de una forma de vida que refleje ese anhelo y sepa afrontar las consecuencias que nos lleguen. 

 

John Reilly. La milagrosa riada de peces (1978)

 

 


 

Para Carlos, compañero reciente, y familia y

en el recuerdo para Mariano "hasta que la vida vuelva a reunirnos".

 

 

 

sábado, 26 de abril de 2025

LA REALIDAD Y LA ESPERANZA. Domingo II Pascua

27/04/2025 - Domingo II Pascua

La Realidad y la Esperanza

Hch 5, 12-16

Sal 117, 2-4. 22-27a

Ap 1, 9-11a. 12-13. 17-19

Jn 20, 19-31

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Hubo un tiempo en el que los apóstoles obraban prodigios y la gente “se hacía lenguas de ellos”. No quedaba espacio para la indiferencia. En ese contexto resultaba natural adherirse al nuevo grupo. Así lo expresa también Lucas que menciona cómo la gente llegaba desde fuera de Jerusalén buscando sanación y aunque no todos se atrevían, no eran pocos los que daban el paso e ingresaban en la comunidad que se reunía en el pórtico de Salomón y suscitaba reacciones encontradas. Evidentemente, quienes se abrían a esta buena nueva y aceptaban la invitación de este nuevo grupo eran quienes se veían beneficiados por su actuación. ¿Va a ser que llegada la Pascua han pasado ya los motivos para mantener la precaución que Jesús manifestó en vida a realizar curaciones como demostración? ¿O será más bien que lo incontenible se desborda y los apóstoles se descubrieron así como mediación de ese impulso vital irresistible? Sea una u otra, lo cierto es que esta gente se acercaba al pueblo sufriente. Quienes realmente necesitan ese acercamiento lo perciben como benéfico y descubren en él un sentido que les anima a seguir adelante. El salmista insiste en que la nueva piedra angular sobre la que se fundamenta la vida de los sufrientes es aquella desechada por los arquitectos del mundo. Quien viene en nombre del Señor aporta consuelo y sentido.

Sobre todo, sentido, porque con él el consuelo se transforma en esperanza y revitaliza el cuerpo y el alma. Jesús se hace presente entre los suyos deseando la paz. Esta paz no es la mera tranquilidad ni la ausencia de conflictos. Es un nuevo modo de comprender la realidad y de comprenderse a sí mismo en y con ella. Los discípulos reunidos por el miedo estaban tan necesitados de esa paz como lo estaban los sanados por los apóstoles en las calles de Jerusalén. Por eso Jesús les dona el Espíritu. Es ese nuevo ánimo el que les permitirá salir y construir un modo inaudito de ser y de situarse en el mundo. En esa novedad, perdonar o retener los pecados no es solo un acto litúrgico sino el reconocimiento y la aceptación de quienes realmente quieren compartir esta forma de vida. La sanación, decíamos, proporciona, ante todo, sentido y la fidelidad a ese sentido construye una vida nueva en unión a otros. Perdonar o retener es acoger a quienes verdaderamente quieren compartir ese nuevo vivir. El criterio es comunitario; la construcción es colectiva.

Tomás no es especialmente incrédulo; es el discípulo transparente que no esconde sus miedos; si los demás lo tuviesen ya claro no permanecerían encerrados con él. Es así que quien se conoce y no oculta sus temores es llamado a acercarse a las heridas, al sufrimiento humano, y descubrir en él la verdad de la resurrección. Lo que Tomás ve es la destrucción del mal y la restauración del cuerpo, de la salud, de la humanidad. Donde el dolor imperó se imponía ahora la vida y ese descubrimiento llevó a Tomás a la determinación definitiva: la vida se ha impuesto y eso solo puede ser obra de Dios mismo. Bienaventurado quien crea sin ver, dice Jesús; quien pueda hallar lo mismo que Tomás sin desesperar ante el drama del mundo. Frente a la tragedia que se construye desde el cerramiento en sí mismo, el Espíritu y la revelación de Jesús piden que escribamos, que demos testimonio de lo que ocurre y de lo que vendrá; de todo lo que necesita ser sanado y del triunfo definitivo del Viviente que no se impondrá en solitario sino que llevará consigo a toda la humanidad. Realidad y Esperanza van de la mano. 

 

Bansky, La esperanza

 

 


 

domingo, 20 de abril de 2025

OJOS NUEVOS. Domingo de Pascua

20/04/2025 – Domingo de Pascua

Ojos nuevos

Hch 10, 34a. 37-43

Sal 117, 1-2. 16ab-17. 22-23

Col 3, 1-4

Secuencia

Jn 20, 1-9

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Comenzamos esta nueva era con un resumen biográfico a la altura de aquel del centurión romano que vio en el Jesús asesinado un hombre justo. En esta ocasión, Pedro afirma de él que “pasó haciendo el bien”. Esta era es nueva porque no existe ya fractura entre lo antiguo y lo actual. Jesús ha resucitado desde lo profundo de la tierra, desde los infiernos. Pero no se ha alzado en solitario. Ha encabezado una auténtica peregrinación desde la profundidad del olvido y la desmemoria hasta el mismísimo trono que Dios prepara para todos. En esta nueva era todo está conectado. Jesús ha pasado pero permanece como elemento de conexión entre todos y todo. Tenemos testigos que pueden afirmar esta verdad. Ya no es una profecía, sino una realidad palpable transmitida por esos testigos. El salmista da gracias a Dios y alaba sus acciones porque ha convertido en fundamental aquello que el mundo había desechado. Todo se inicia de nuevo.

La mañana del primer día de la semana es la clara referencia al comienzo de esa nueva era. Es la recreación de todo lo existente y lo existido. Todo lo nuevo surgirá ya con esta conexión inusitada hasta la fecha. En esa fecha, Magdalena descubre el sepulcro abierto de par en par y corre a pedir ayuda. Pedro y el discípulo amado acuden. Ellos entran; ella queda fuera. Cada uno percibe la realidad a su modo. El insólito hecho no afecta por igual a ninguno de los tres. La conmoción y la necesidad de ver de cada uno de ellos guardan relación, entre otros factores, con la experiencia que tuvieron en vida con Jesús. Del discípulo y de Pedro se dice que al ver creyeron; a María le falta aún el encuentro personal que Juan relata más adelante. Para ellos es suficiente la ausencia del cadáver. María necesita el reencuentro personal. En los próximos días veremos que otros amigos necesitaron otras cosas. Los especialistas hablan de grupos y no de personas. Los relatos pascuales son narraciones de distintas experiencias comunitarias que intentan poner en claro, desde su propia perspectiva e intereses, un mismo descubrimiento. En realidad, eso ahora nos da igual; los grupos están formados por personas.  

A los colosenses se les dice que han resucitado con Cristo. Por esa razón han de aspirar a bienes que no son los terrenos, por todos conocidos. Están ya con Cristo escondidos en Dios pues han encontrado en él el mismo sentido que encontró y guió a Jesús. El sentido de sus vidas no es el que el mundo sigue manifestando. Se han unido a la piedra fundamental y han pasado a ser desechados como ella. Tanto ellos como los tres testigos del episodio joánico de hoy, han despertado; no están ya sujetos a esa realidad en la que lo aparente se toma por verdadero y la certeza pervive mientras dura el estímulo que la provocó. María fue en busca de quien llenó su vida de sentido porque estaba convencida de que el final no podía ser el que había vivido y los dos apóstoles salieron corriendo porque tenían que confirmar lo que sin entender esperaban. Que su buen sentido común les dijese lo contrario no fue freno suficiente. Ese buen sentido habría de acompañarles de aquí en adelante para distinguir lo verdadero de lo fantasioso pero la guía definitiva se encontraba en la nueva visión del mundo, de sí mismos y del resucitado. Todo lo veían con ojos nuevos; despiertos. 

 

¡¡Cristo ha resucitado!!