sábado, 19 de abril de 2025

DESPIERTA Y LEVANTA. Sábado Santo

19/04/2025 – Sábado Santo

Despierta y levanta

Jer 20, 7-18 Jeremías 20:7-18 LBLA - Lamento del profeta - Me persuadiste, - Bible Gateway

Una antigua homilía https://www.vatican.va/spirit/documents/spirit_20010414_omelia-sabato-santo_sp.html

En el día de hoy no hay celebraciones. Estos son los textos que la Iglesia propone en su oficio de lectura. En el día de hoy todo se detiene porque Dios ha muerto. “El rey duerme”, comienza diciendo la antigua homilía. Decir que Dios ha muerto suena fuerte, pero es gráficamente inmejorable. Y conecta mucho mejor con la sensibilidad de nuestros días. La muerte es lo contrario a la vida y Dios es la Vida. Lo opuesto a Dios será entonces la muerte, pero no esta muerte que conocemos. Esta es solo un tránsito. No podemos ir más allá y nos quedamos en la puerta dándole al todo el nombre de la parte. La muerte verdadera es la separación absoluta de Dios.

El profeta Jeremías comienza recordando su vocación. Fue un impulso irresistible, pero ese ímpetu no ha venido a traerle más que oprobio y pesar. Preferiría no hablar pero tiene en él una  energía incontenible que no le deja callar. Recuerda cómo Dios ha auxiliado a otros y pide por sí mismo pero, mientras tanto, llega a maldecir el día en que nació. Su experiencia es más cercana a la de la muerte pues vive el desamparo absoluto en medio de la persecución.

La homilía patrística recoge la tradición que afirma que Jesús bajó a los infiernos a liberar a Adán que estaba allí confinado. Jesús atravesó los dinteles de la muerte para encontrarse con todos los que no habían podido oír su predicación y anunciarles a todos la misma buena noticia que había proclamado ya en vida. A Adán, a todo el género humano, le dice: “Despierta tú que duermes (…) levántate de entre los muertos” y directamente le lleva a sentarse en el trono. No queda ya pena ni congoja; no afloran más lágrimas que enjugar.

También a nosotros nos dice hoy Jesús que despertemos. Este día de silencio puede ser dedicado a revisar actitudes de muerte que nos alejan de Dios, de la vida, o que alejan a otros. Existe un mundo crucificado, veíamos ayer y, por lo tanto, sumido en el infierno. Somos, como Jeremías, convocados para hablar y no callar. Seguramente esto nos traerá desventuras y podremos desear la muerte como el propio profeta. Sin embargo, Jesús está siempre atento para acompañarnos en nuestro propio infierno. De su mano podremos bajar al infierno de otros para avivarles y gritarles que despierten. “Despierta tú que duermes” es el deseo universal de Dios para todos. “Levántate de entre los muertos” es la voluntad de Dios que quiere que todos tengamos vida; que no quedemos apresados por nuestros propios demonios y nos pongamos en pie con la dignidad de los hijos de Dios.

Del infierno no se escapa. Se sale de él sobre el propio pie y de la mano de Jesús o de quien en su nombre se empeña en sacarnos de él. Se vuelve a la vida acompañado de otro o de otros y acompañando a otros. No es una aventura solitaria ni en beneficio propio; es singladura comunitaria en la que no sobra nadie y todos son necesarios.

Tiempo de sábado.

Tiempo de silencio.

Tiempo para despertar y ponerse en pie.  

Tiempo de despertar y poner en pie a otros.  

 

 

Pieter Brueghel, el viejo, Descenso de Cristo a los infiernos (1563)







viernes, 18 de abril de 2025

LA PASCUA DECISIVA. Viernes Santo

18/04/2025 – Viernes Santo

La Pascua decisiva

Is 52, 13 – 53, 12

Sal 30, 2. 6. 12-13. 15-17. 25

Heb 4, 14-16; 5, 7-9

Jn 18, 1 – 19, 42

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Isaías escribió los cantos del siervo para exaltar la figura de alguien desconocido que por fidelidad a su Señor merece la condena de sus contemporáneos y que, finalmente, sería ensalzado por su lealtad. Es el cuarto de esos cantos el que hoy nos presenta la liturgia. Como es sabido, los primeros cristianos identificaron a Jesús con esta figura anónima, animados por el recuerdo de que Jesús mismo hablase de sí como siervo y no ocultase su previsión de morir sufriendo. Se reconocía así también el valor vicario de su muerte. El salmista expone la actitud del siervo y su confianza absoluta en Dios. Podría ser perfectamente la vivencia de Jesús. 

Jesús era un gran blasfemo que soliviantaba al pueblo y, en último extremo, iba a provocar la ira del imperio y, por ella, el aniquilamiento de la nación. Era preferible que muriese él antes que todo esto ocurriera. Esta era la excusa de la nobleza sacerdotal para acusar a Jesús. Por otro lado, esa nobleza se sentía amenazada por la imagen de Dios transmitida por Jesús que cuestionaba el orden tradicional. Esto ya no lo admitían abiertamente, claro. Podemos deducir de aquí que la cruz no es algo elegido. Lo que Jesús elige, durante toda su vida, es ese modo de vida en el que puede mantener la fidelidad al Padre; por ello vive pendiente de sus preferidos y denuncia todo aquello que los excluye y los  arroja a las cunetas. La cruz es la consecuencia de la vida de Jesús. El autor de la carta a los Hebreos recuerda esta fidelidad, insiste en su inocencia y pone en valor el hecho de que este único sumo sacerdote conoce nuestra debilidad pues él mismo la ha experimentado. Tal como Jesús confiaba plenamente en el Padre nosotros podemos confiar en Jesús; siempre es más sencillo hablarle a un rostro humano.

En este rostro humano podemos identificarnos y podemos comprender la cruz del mundo a la luz de la suya. La cruz, hemos dicho, no se elige. Al mundo, o a gran parte de él, se le ha colocado en la cruz. Decimos que la cruz de Jesús es redentora y podemos subrayarlo incluso físicamente. Desde ella, Jesús pidió perdón para sus asesinos; en ella atendió al buen ladrón y le prometió la salvación; asumiéndola como consecuencia de su vida permitió la liberación de aquel bandido, no muy buena persona seguramente, pero Bar-abbas “hijo del padre”, un hombre corriente a fin de cuentas, pecador como tantos otros y otras a los que Jesús dejó ir en paz. La cruz del mundo, en cambio, no es redentora para nadie. Es, al contrario, fruto de la misma motivación que callaba la nobleza sacerdotal de Jerusalén: que no nos muevan el suelo bajo nuestros pies. Como ya se ha dicho muchas veces, el mal del mundo es fruto del egoísmo de unos pocos y, sin embargo, siguen existiendo justificaciones que se lanzan como defensa de la situación actual y del propio estatus. Y la lógica parece hablar por sus bocas, hasta el punto de que convencen. Des-convencerse de estas razones es un proceso personal en el que influyen muchos factores y en el que se asumirán opciones nuevas en favor de los crucificados y en detrimento de la propia comodidad, incluso seguridad. En ese proceso se elige la vida plena para todos, no la cruz, pero se asume la que llega y esa asunción resulta redentora también para el sujeto que la sufre. Este es el conocimiento que, pese a sus dolores,  sacia al justo de Isaías. Una vez entras en esta dinámica el mundo no será ya nunca igual. Este es el paso definitivo, es la Pascua decisiva.  

 

Larry Cole, El amor (2010)   








 

jueves, 17 de abril de 2025

LA SEGUNDA PASCUA. Jueves Santo

17/04/2025 – Jueves Santo

La segunda Pascua

Éx 12, 1-8. 11-14

Sal 115, 12-13. 15-18

1 Cor 11, 23-26

Jn 13, 1-15

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En algún momento cercano a la festividad de la Pascua Jesús se reunió con los suyos en torno a la mesa. En las sociedades agrícolas la cena es el momento del reencuentro de quienes han partido a faenar al campo y quienes han permanecido en el hogar ocupados en diferentes tareas. En la calidez de ese contexto de reunión en un ambiente marcado por la agitación de los últimos días y con el peso de toda la conflictividad que ha rodeado la actividad de Jesús durante su vida pública, el maestro quiere resumir sus palabras y sus obras; quiere dejar claro su mensaje, tal vez porque se tema lo peor o porque vea que entre sus discípulos crecen pretensiones totalmente ajenas a lo que él pretendía.

La fiesta de la Pascua conmemoraba la libración de los antiguos hebreos de la esclavitud en Egipto tal como fue narrada en el relato del Éxodo. En aquella noche La sangre del cordero libró a los esclavos de la atrocidad de la última plaga y les franqueó la salida del reino hacia el desierto, camino de la libertad. Hoy Jesús, gracias a Juan, nos propone otra salida más; un nuevo paso desde la libertad a la fraternidad. La liberación es la garantía del amor fraterno. Jesús lo sabía y por eso pasó su vida liberando a la gente de diferentes esclavitudes. A sus amigos les pide hoy abandonar esa imagen de Señor como alguien poderoso a quien hay que servir. Las dudas de Pedro representan las de todos los demás. Tanto tiempo con Jesús y aún no han aprendido que la clave no está en colocarse por encima de los demás sino en estar siempre atentos a sus necesidades. Ellos mismos siguen sin ser capaces de asumir esta nueva forma de ser porque continúan atenazados por sus miedos, inseguridades y criterios anteriores. Están ya limpios de todo, como dice Jesús, excepto de los pies; necesitan aprender una nueva forma de caminar y de llegar hasta los demás. Necesitan liberarse de sus últimas pretensiones triunfalistas y dejar atrás las concepciones sociales y religiosas que todavía les retienen apresados en lo anterior. Es eso anterior lo que condena a Jesús y a la fraternidad real como un sueño ilusorio, pero cuesta deshacerse de ello y situarse a la intemperie de lo que venga. 

Pablo retoma el significado de la sangre y subraya el del pan. Relata el gesto de Jesús del que no fue testigo, pero que le llegó por tradición y es, paradojas de la vida, el primero en ponerlo por escrito. El pan se pone en referencia al cuerpo y el vino a la sangre. La sangre llena ahora la copa de la nueva alianza. Es un gesto arriesgado el de Jesús, dada la repulsión de los judíos a la sangre. Para ellos, es en la sangre donde se encuentra la vida. Derramarla es terminar con esa vida, pero consumirla es introducir esa misma vida en ellos. Beber la copa de esta nueva alianza es hacer propia la vida misma de Jesús. Los discípulos deben vencer el tabú que rodea a la sangre que no es menor que el tabú de dejarse lavar los pies. La invitación de Jesús en esta tarde es a superar nuestras propias barreras y liberarnos de forma que podamos efectivamente liberar a los demás. El amor fraterno pide libertad. La libertad es el primer paso. Si queremos de verdad amar fraternalmente necesitamos superar las limitaciones materiales, sociales y religiosas que nos mantienen sujetos a lo antiguo y nos incapacitan para amar como Jesús amó. La segunda Pascua, la nueva Alianza, pone el acento en las nuevas relaciones entre los seres humanos que Jesús presenta como queridas por Dios y esto era una blasfemia.

 

L
Yongsung Kim, El siervo (2016)

 
 
 

 
 


 

sábado, 12 de abril de 2025

SOBRE LA AUTENTICIDAD. Domingo de Ramos

13/04/2025 – Domingo de Ramos

Sobre la autenticidad

Is 50, 4-17

Sal 21, 2a. 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

Flp 2, 6-11

Lc 22,14 – 23,56 

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Posiblemente, habrá pocos resúmenes mejores para mostrar el valor de una vida humana como el que nos ofrece el evangelio de hoy: “Realmente, este hombre era justo”. La justicia de este ser humano del que se habla es la justicia misma de Dios. Si hubiese sido una justicia humana en algún rincón hubiese encontrado amparo. Sin embargo no fue así. El discípulo, nos dice Isaías, tiene una forma de escuchar distinta a la de los demás. Escucha a Dios que le va indicando dónde y cómo utilizar su lengua de iniciado. Habla lo que solo él y Dios conocen y lo hace en el momento preciso y ante la persona que lo necesita. Sabe también que su labor le traerá dificultades, pero no retrocede ante ellas; al contrario, endurece su piel como el pedernal. Sufrimientos llegarán, pero no le harán retroceder. Así lo certifica el salmista.

Los especialistas discuten acerca de la identidad de este justo. Los primeros cristianos, de forma muy temprana, lo identificaron con Jesús. Su vida fue un continuo transmitir el consuelo de Dios a quien lo necesitase y con ello reveló definitivamente el amor expansivo del Padre. Dios no es ese ser justiciero hasta el sadismo con el que algunos tenían acogotado al pueblo. Así, ocurrió que el poder religioso vio tambalearse sus cimientos y recurrió a la autoridad del político para socavar esa nueva revelación. La política suele ser descreída hasta la indolencia, pero es cobarde por naturaleza. También en el caso de Jesús lo fue y su condena obedeció a ese básico principio de supervivencia de la cosa pública: “Que no vengan a decirme que no he defendido lo correcto”; “Que no puedan achacarme falta alguna que perjudique mi carrera”. Cuando la religión se ve reducida a la búsqueda de seguridades que se logran con el cumplimiento escrupuloso y la política llega a ser un intercambio de favores que olvida el bien común para centrarse en un astuto cálculo de beneficios, ambas realidades se transforman en poder que busca imponerse sobre lo demás. Jesús, este justo, fue víctima de una forzada alianza entre ambos poderes.

Jesús, este justo, siguió el principio divino de actuación. Pablo nos habla del vaciamiento que protagonizó. Fue un acto personal que le llevó mucho más allá de lo particular. Siendo un buen hombre, incluso un hombre heroico, fiel a sus principios, Jesús no habría llegado a donde llegó. Vivió permitiendo manifestarse al Dios que en su interior le hacía ser mientras descubría esa identidad única. Dejando ser a Dios en y desde él se dejó ser a sí mismo alcanzando la fidelidad absoluta a lo que era. Las mujeres en el camino, el malhechor ajusticiado y el soldado extranjero captan esa autenticidad que para los demás pasa desapercibida. En cambio, quienes le recibieron entre palmas y cantos de alabanza han quedado atrás seguramente porque se decantaron por alguno de los otros dos poderes; no por este de la fidelidad que te hace ser lo que en verdad eres. El ser humano auténtico no se deja poseer por seguros tranquilizadores ni busca medrar por delante de los demás; muy al contrario, comprende que la relación con Dios le lanza hacia los demás sin protección y le induce a la alianza con quienes buscan el bien para todos. Renuncia a la exclusividad en favor de la comunitariedad reparadora que se construye para acoger a todos y para el acompañamiento mutuo en el camino hacia la globalización de la plenitud colectiva.  

 


Domingo de Ramos    





 

sábado, 5 de abril de 2025

NUEVOS CAMINOS. Domingo V Cuaresma

06/04/2025 – Domingo V Cuaresma

Nuevos caminos

Is 43, 16-21

Sal 125, 1-6

Flp 3, 8-14

Jn 8, 1-11

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Lo nuevo va llegando. Así lo presiente el alma que ve desmoronarse lo caduco. Tal fue ya la intuición de Isaías que recordaba las hazañas de Dios en favor del pueblo y encontraba en esa evocación la esperanza para continuar sin someterse al desaliento. En este erial el Señor volverá a abrir camino. El pueblo no se quedará sin motivos por los que alabarle. El salmista expresa bien la consolación de los cautivos que, finalmente, regresan trayendo las gavillas entre risas y cantares. El retorno, la historia lo dirá, alumbra una nueva realidad. El pasado no vuelve nunca porque pudo estar bien cuando fue, pero esto que ahora es necesita algo distinto.

La mayor novedad viene de la depuración de lo antiguo. Así nos lo  dice Jesús hoy. Pese a lo que muchos piensan, la ley de Moisés referida al adulterio mandaba lapidar a la pareja infractora, no solo a la mujer. Los hombres se salvaban por, digamos, corporatividad. Para que un pecado tuyo pueda disculpar otro ajeno debería ser, por lo menos, similar. Así pues, tenemos, en primer lugar, que lo que Jesús viene a decir es: “¿Acaso tú no has caído otras veces en lo mismo y sigues aquí de pie? ¿Acaso no deberías morir como ella? ¿O como otras que ya murieron mientras tú te libraste? Si no es así, ejecuta tu ley injusta”. La verdad desarma. Por otro lado, pocas veces vemos a Jesús actuando de forma tan parecida a la de Dios mismo. Calla y deja plena libertad al ser humano mientras él escribe en silencio sobre la arena tal como Dios escribiera sobre la piedra. No sabemos qué se escribe ahora. Las almas más rígidas podrán pensar que con este gesto escenifica y denuncia el maltrato del ser humano a la Ley, que convierte en volátiles las sólidas palabras divinas. Otros, sin embargo, pensamos que Dios mismo, transformado por su experiencia humana, rehace  aquella ley antigua y abre la puerta al perdón. “¿Nadie te condena? Tampoco yo”. El mal atenta contra el ser humano, no contra Dios. Si aquel renuncia a sancionar, tampoco este lo hará. He aquí la novedad. Mucho mejor es que cada uno se haga cargo de su realidad y comprenda que no tiene más razones para reprobar a los demás que a sí mismo. La Ley misma pasa a un segundo plano pues lo que Dios busca es ese mutuo dejarse afectar por los demás, incluso por los malvados, que termine haciendo inútil cualquier legislación, precisamente, por la ausencia de delitos. Así, se hace preciso encontrar una forma de absolver que haga saber al malo que es indultado por ser amado no por una debilidad que de alas a la impunidad. Todos somos, en vistas a esta renovación, convocados a una transformación definitiva: “No peques más”.

Pablo nos subraya este carácter novedoso de la realidad vista desde Cristo Jesús. Todo lo anterior carece de sentido; no tiene ya valor. La fe que ahora se descubre como definitiva es la que procede de la propia fe de Jesús. El pueblo está llamado a ejercer esa misma fe de Jesús que llegó a morir perdonando. Este es el comienzo de la resurrección que se va intuyendo en el horizonte. Vivimos, como Pablo, en camino, en proceso; nos queda aún un trecho largo, pero estamos ya orientados. Despertamos de la somnolienta convicción de estar perdiéndolo todo y descubrimos que para lo que falta no nos sirven ya los aparejos del pasado. Para eso nuevo que llega; para esos caminos inéditos no nos sirve lo que conocíamos. 

 

Caminos nuevos

 

 


 

viernes, 28 de marzo de 2025

EL PADRE AMOROSO. Domingo IV Cuaresma "Laetera"

30/03/2025 – IV Domingo Cuaresma “Laetare”

El Padre Amoroso

Jos 5, 9a. 10-12

Sal 33, 2-7

2 Cor 5, 17-21

Lc 15, 1-3. 11-32

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Para la fe judía el Señor está del lado de su pueblo. Les sacó de Egipto y les llevó a la Tierra prometida. Su cuidado abarcaba todo lo necesario, incluido el maná. Ese alimento aseguró su supervivencia cuando su trashumancia les impedía sembrar y cosechar. Pero una vez llegados a puerto y ya en situación de poder labrar y faenar por sí mismos esa ayuda cesó. Dios provee, pero no sustituye el trabajo del ser humano. El salmista reconoce esta solicitud divina y expresa su agradecimiento a la vez que motiva el de quienes le escuchan. En la realidad que nos rodea nuestra indigencia perinatal nos permite un desarrollo desconocido para otras especies, a la vez que creamos lazos firmes y duraderos. Esta naturaleza nuestra, que fue tan bien tutelada, se sensibiliza y nos hace reparar en la necesidad de los otros y en nuestro acercamiento a ellos nos constituimos en seres responsables y nos transformamos en familia y, extendiendo el círculo, en pueblo. 

Dios vela por su pueblo como una madre, no para privilegiarlo sobre los demás sino para enseñarle cómo tiene que actuar con los demás; con otros pueblos o con quienes no sean como ellos. Pero no es una lección sencilla. Así lo muestra el escándalo de fariseos y escribas al ver a Jesús comiendo con pecadores y publicanos. Ningún maestro sensato lo haría. Si el sí, no puede ser tan bueno como se dice. También a nosotros nos cuesta a veces; por eso la parábola del Padre Amoroso nos desarma. Si, en cambio, nos quedamos con la del hijo pródigo todo parece mejor. En este hijo nos reconocemos al meter la pata y, oye, ¿a quién no le gusta que le perdonen el desliz? Si todo acabase aquí sería la historia perfecta, pero no es así. Por eso es la parábola del Padre Amoroso. Porque este Padre disculpa el error de cualquiera. Y eso ni nosotros ni el hijo mayor terminamos de verlo claro. Él no entiende que perdone al descarriado mientras su intachable conducta no encuentra recompensa alguna y nosotros no comprendemos que perdone a quienes hacen daño. Porque alejarse de Dios, que es amor, es no amar y, por lo tanto, hacer daño; no a Dios, sino a los demás. Nos parece imperdonable y, sin embargo, la fiesta es mayúscula cuando vuelven. La tristeza queda atrás.

Pablo insiste a los corintios en que todo lo viejo ha pasado; ya no hay lugar para la preeminencia. Cualquier privilegio nos es dado para ponerlo al servicio de los demás, tal como Dios mismo hace; como Jesús hizo. Actuamos como enviados de Cristo, dice, precisamente porque sabemos acoger y perdonar a todos. Cargar con el pecado ajeno, como Jesús hizo, no es una abstracción; es amparar a los que vuelven sin echarles en cara el mal que traen consigo sino tomándolo como propio para descargarles a ellos de un peso que ya no pueden llevar. Esa es la salvación que Jesús ofrecía a todos; totalmente ajena a la condena del hermano mayor. No pedía conversión para volver al rito y la observancia, sino para que se hicieran conscientes de su verdad más profunda y pudiesen reconstruirse libres de esa carga. No les ahorraba el esfuerzo que eso suponía, pero, como maná definitivo, les sustentaba mientras ellos no eran capaces de hacerlo. En este tiempo tan dado a penitencias y amarguras tendremos que empezar a considerar la expiación no como una victoria o mérito particular sino como la realización en común del amor divino que providencial y parentalmente se abre a todos. Iniciarse en este camino es descubrir la verdadera alegría que Dios quiere para todos. 

 

James Tissot, El retorno (1882)

 

 


 

 

 

sábado, 22 de marzo de 2025

HACERSE PRESENTES. Domingo III Cuaresma

23/03/2025 – Domingo III Cuaresma

Hacerse presentes

Éx 3, 1-8a. 13-15

Sal 102,1-4. 6-8. 11

1 Cor 10, 1-6. 10-12

Lc 13, 1-9

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Como todos los relatos de vocación, el de Moisés dice más del Dios que llama que de la persona llamada, aunque siempre nos empeñamos en verlos desde este lado, normalmente para fustigarnos: si él pudo…, si él confió…, si él lo hizo….; nos encanta. No es este nuestro camino, sino que vemos hoy a Dios diciéndole unas cuantas cosas importantes a Moisés: he oído…, he visto…, me he fijado…, voy a bajar para liberar. Esto es una novedad. Los dioses de antaño bajaban para castigar, para secuestrar doncellas, para recoger ofrendas, para buscar beneficio, en suma. Este Dios, no. Él es el que es. Es el que se hace presente en la vida de su pueblo para caminar con él. Aquí encuentra su razón de ser la insistencia de algunos lingüistas en explicar que el nombre divino se expresa en futuro. Soy el que seré; estaré siempre con vosotros. Esta es la experiencia del salmista: verdaderamente, Dios está con nosotros y así seguirá por siempre porque su presente es eterno y nosotros lo captamos como futuro.

Pablo enlaza directamente con esta experiencia y nos recuerda que todos nuestros padres caminaron por el desierto bajo la protección de la nube, imagen de Dios, real pero inasible. Todos estuvieron allí, pero, por alguna razón, no todos agradaron al Señor. Encontraremos la clave en el testimonio de Lucas. Por un lado y pese a todos los prejuicios en su contra, los galileos eran respetados por su exaltado nacionalismo que les aseguraba el recelo de los invasores. No en vano fueron perseguidos por ellos hasta el interior del Templo para ser aniquilados allí mientras presentaban sus sacrificios. La religiosidad no es un seguro mágico que garantice la supervivencia. Por otra parte, los 18 que murieron aplastados por la caída de la torre de Siloé no eran más culpables que los demás. Las creencias de la época exigían que Dios hubiese salvado a los primeros y veían en la muerte de los segundos un castigo que sus pecados les habían merecido. Para Jesús nada de esto tiene sentido pues la vida se va desenvolviendo por sí misma, pero aprovecha la imagen de la muerte y el miedo que inspira para decirnos que hay que abandonar esa imagen de Dios que favorece el ritualismo y castiga el error sin compasión alguna. Lo que Dios espera es que demos fruto. Frente a esa imagen exigente, Jesús se propone como viñador solícito que cuida y motiva; que exige acompañando, no desde la distancia.

El Dios que anunció a Moisés su descenso hasta el pueblo oprimido bajó personalmente en forma humana y se puso a caminar como todos los demás y con todos ellos, acompasando su paso al de los que más dificultades tenían para seguir el ritmo excluyente impuesto por algunos. Se hizo verdaderamente presente y nos pide que también nosotros lo hagamos con validez de eternidad; es decir, desde ahora y durante todo el futuro que tengamos a nuestra disposición: para siempre. La conversión es la inversión de esa tendencia que mira solo por uno mismo para pasar a vivir de cara a los demás. El milagro real está en que vivir para los demás te hace más tú mismo que ninguna otra cosa. Dar fruto beneficia a los demás pero nos construye a cada uno y, como resultado, a la comunidad y al Reino. Pablo aleccionaba a los corintios para que se situasen en un mundo en ocaso aportando soluciones nuevas. Las antiguas seguridades ya no sirven; el único apoyo es la comunión de seres verdaderos que se hacen presentes y construyen caminando con otros. 

 

Hacerse presentes.

 

 


 

 

 

sábado, 15 de marzo de 2025

En permanente búsqueda. Domingo II Cuaresma

16/03/2025

En permanente búsqueda – Domingo II Cuaresma

Gén 15, 5-12. 17-18

Sal 26,1. 7-9c. 13-14

Flp 3, 17 – 4, 1

Lc 9, 28b-36

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Tenemos hoy la mirada puesta en el futuro. Abram había sido convocado por el mismo Dios para abandonar su hogar en Ur y lanzarse a nomadear en busca de una tierra que habrá de ser para su, de momento, inexistente descendencia, no para él. Ahora, tras las primeras peripecias, Abram pide alguna garantía y Dios empeña en ello su palabra. Dejar la casa paterna y aventurarse en busca de un lugar propio es una de las grandes metáforas de la vida espiritual. En el fondo, ese lugar es inexistente. Si te la tomas en serio, la búsqueda nunca tiene fin, pero tu experiencia podrá ser punto de encuentro y arranque para las generaciones futuras. Por eso, ni Abraham ni Moisés verían esa tierra que sus descendientes ocuparon. La única patria o matria posible es la continua exploración que te mantiene en la permanente insatisfacción. Ese mismo mensaje lanza el salmista que no deja de buscar el rostro de Dios sin hallarlo en ningún lugar mientras es irónicamente animado a esperar en él ¿se puede esperar en quien no ha sido hallado? Habrá que concluir que no lo ha encontrado en su plenitud, pero sí en pequeños vislumbres que le van guiando. Lo definitivo está más allá y Abram, como Moisés y los verdaderos creyentes, vive lanzado hacia el futuro encaramado a lo que va viviendo.

También Jesús se sitúa en esas coordenadas. Su vida es también una búsqueda continua que no le deja instalarse en ningún sitio. El relato de la Transfiguración no parece histórico en absoluto. Lucas entiende que en algún momento Jesús alcanzó la suficiente certeza para considerar que su permanente trashumancia estaba ya definitivamente orientada. Este episodio quiere mostrar esa certeza a sus amigos. Estos, al vencer el sueño, como Abram, entran en la dimensión en la que la comunicación con lo divino es posible. Allí, Moisés y Elías les presentan a Jesús como el enviado definitivo. Con ellos acamparían allí definitivamente porque se sentían ya en casa. Sin embargo, la intervención de Dios en forma de nube les llena de temor; hay que seguir y lo que viene no siempre será amable ni tendrá que ver con lo esperado. De ahí el silencio.

El futuro sigue abierto y Pablo nos invita a ser ya ciudadanos de ese porvenir. No podemos habitar esta realidad como un vecino más. La osadía de Jesús abrió un portal nuevo. No se trata de abandonar nada ni de aislarse en ningún sitio sino de vencer al sueño tal como hicieron Abram y los tres apóstoles y abrir los ojos para poder salir fuera de la matrix en la que se vive adorando al vientre y cada uno se gloría en sus vergüenzas. Pese a lo que pueda parecer Dios sigue presente en el mundo y la Transfiguración es el resultado de buscarlo. Es el adelanto de la decisiva transformación que tendrá lugar en ese futuro que no llega pero que podemos ir viviendo ya. Nuestros cuerpos serán glorificados, dice Pablo, pero no solo nuestros cuerpos; la realidad entera está llamada a experimentar esa conversión que va llegando poco a poco. Es obra de Dios que quiere darnos una tierra nueva y es obra nuestra que nos animamos a colaborar con él y gloriarnos en la misma gloria que Jesús. Somos guardianes, jardineros encargados de cultivar, abonar y arrancar; y somos también nómadas que abren caminos para que otros los recorran sin tener que empezar de cero. Pasado, presente y futuro van de la mano en nosotros. Si nos falla alguno seremos huérfanos que engendren a otros huérfanos. 

 


En permanente búsqueda. Transfiguratione (de la Red) 

 

 


 

sábado, 8 de marzo de 2025

AUNQUE PAREZCA QUE NO ESTÁS

09/03/2025 – Domingo I Cuaresma

Aunque parezca que no estás

Dt 26, 4-10

Sal 90, 1-2. 10-15

Rm 10, 8-13

Lc 4, 1-13

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Para ser fieles a la historia, que es una dimensión importante en las lecturas de hoy, vamos a partir de las palabras del salmista que identifica a los agentes de la protección que Dios dispensa al pueblo. Son los ángeles quienes acompañan en el camino. El Señor vela y ampara. Él es el refugio. Es un Dios amante y fiel, pero distante. No interviene directamente. Los seres celestiales, tomados en préstamo de las cosmovisiones cananeas, son quienes se relacionan de cara a cara con los humanos. Años después la recopilación deuteronomista, llegada en tiempos de profunda crisis, pondrá negro sobre blanco que aunque Dios no parezca hoy muy pendiente de nosotros lo está tal como lo estuvo en el pasado. Por eso se recuerda la profesión de fe de Moisés que pone voz al sentimiento del pueblo y recuerda los favores recibidos de Dios. Es un credo histórico. Ese favor promueve la fe. El pueblo sabe de quien se ha fiado porque en su día a día ha sido testigo del cuidado de Dios; no es una abstracción. Sus huellas están presentes en su devenir. Y en ese devenir el pueblo se manifiesta agradecido y entrega a Dios las primicias de su trabajo. Cuanto él es y es capaz de hacer se lo debe al apoyo de Dios. Para no dejar que esa realidad caiga en el olvido, se insta al pueblo a ritualizarla y descubrir así el sentido de su presente al hacer memoria de su pasado común con Dios.

La historia continúa. Jesús fue hombre de fe. Su confianza estaba firmemente arraigada en su propia experiencia y esa era una experiencia que tenía mucho en común con la del pueblo. Jesús encontraba a Dios en la intimidad de su día a día. Su vida fue la de un obrero artesano dedicado a la construcción en un ambiente eminentemente rural que iba urbanizándose según la moda latina del conquistador. Podría pensarse que Dios no tendría un protagonismo importante en sus rutinas más allá de la capacidad de Jesús de descubrir su presencia allí donde no parece que se dieran manifestaciones extraordinarias. Sin embargo, fue en esa conflictiva sencillez donde Jesús descubrió su cercanía y comprendió que, lejos de ser ajeno a las necesidades humanas, las atendía en toda su profundidad evitando cualquier espectacularidad que pudiera ser malentendida y renunciando explícitamente al concepto mundano de poder. Este descubrimiento se nos hace patente en el episodio sinóptico de las tentaciones, donde Jesús rechaza la seducción con afirmaciones deuteronómicas.  

En el testimonio de Pablo la sencillez está cercana a convertirse en sequedad pues Dios sigue sin manifestarse abiertamente y el conflicto con los hermanos judíos se ha radicalizado. Pero Saulo llama la atención sobre la cercanía de la palabra predicada y sobre la resurrección de Jesús como manifestación definitiva. La palabra es cercana porque es capaz de sanar y alimentar cuerpo y alma, por eso es reconocida como acción de Dios y habita en el corazón y en los labios y desde allí sale al encuentro del otro. La profesión de fe real no es simple recitación sino actualización de la vida de Jesús en la propia. Lo que al pueblo se le presentó como ritualización histórica se descubre ahora como proyección de lo cotidiano hacia el futuro. Eso cotidiano es vivir desde la convicción de estar ya resucitado. Cuando la palabra recibida se convierte en vida, su contenido se hace efectivo aunque no haya alcanzado aún su plenitud. Ese es el incontenible don de Dios con el que podemos renunciar a la seducción del “adversario” y proclamar la unidad de todos los humanos. Esa es la salvación ya iniciada. 

 

Ary Schaffer, The temptation of Christ (1854)